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2020-10-28 0 comentarios

ROMANCE BAJO LA LUNA

 Si hubiera sabido que esa gata en celo era una princesa encantada, yo hubiese hecho hasta lo imposible para desencantarla, porque las mujeres están en vías de extinción y es un milagro encontrar una.

Pero sólo le hice el escándalo del amor lunático, y así le excité el furor de su instinto felino y le aticé el fuego maléfico del hechizo.

Por eso ando así: arañado, insomne entre los escombros de la luna, amenazado por la luz, gateando con las rodillas heridas por la noche de los tejados, aprendiendo a maullar, buscándola.

—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-10-20 0 comentarios

Argumentum Ornithologicum

Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.
— Jorge Luis Borges

2020-09-29 0 comentarios

ENCUENTRO ERÓTICO

 Anhelaba dar, en una epifanía divina,  con la mujer de sus sueños, pero se le apareció a lo lejos un animal. Era una yegua indómita; en toda la erótica extensión de su cuerpo brillaba una fuerza cósmica: estaba en celo. Entonces, el hombre relinchó.

La hembra saltó la cerca y corrió a su encuentro, pero arrastró una imprevista manada de caballos.

Sobre la carrera, el hombre saltó sobre ella, trató de aterrarse de las ancas y poseerla al ritmo ardiente del galope, pero como ignoraba el difícil arte de amar en plena fuga, delante de los enemigos y en medio de la persecución, se desprendió del cielo, rodó por el polvo y fue arrollado por la llamarada de crines y el caudaloso fragor de cascos que los perseguían.

—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-27 0 comentarios

ESPEJO DE PIEL

 Gozaron y sufrieron una convivencia amorosa apasionada, tan cristalina y tan sórdida, que en poco tiempo los encadenó con una dependencia enfermiza que no les permitía vivir el uno sin el otro. Y el hombre llegó a parecerse tanto a su ser querido, que eran idénticos y cualquiera los confundía, pues ya no
era posible distinguir cuál de los dos era el perro.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-26 0 comentarios

DELICIA DEL PARAÍSO

 Un gusano fue condenado al paraíso por haber probado una fruta prohibida. El juez lo sentenció a vivir dentro de ella y a comérsela hasta el castigo divino del hartazgo, luego abrir un hueco y sacar la cabeza, vomitar, volver a entrar y continuar comiendo; y permanecer encerrado en ese círculo exquisito y asqueroso, hasta que perdiera el gusto o el deleitable manjar le supiera a mierda.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-24 0 comentarios

VUELO NUPCIAL

 En una casa donde mi canto sobrevivió de milagro entre una jaula, vi al temible gavilán, con las alas recortadas, con uniforme de sirvienta y el pecho humillado por un delantal, encadenado de ambas patas a las obligaciones domésticas, granjeándose regaños obedeciendo con degradante humildad las agresivas órdenes y caprichosas exigencias de su despectiva e insoportable esposa: la paloma.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-23 0 comentarios

PAJARITAS

Así, muchas como han desaparecido sin dejar ni el rastro, como si se las hubiese sin tragado el cielo.
La última vez que las vieron con su diseño de niñas intacto, estaban jugando entre las ramas.
Se recomienda a los padres de familia no descuidar a sus niñas ni en sueños, no dejarlas solas y por nada del mundo permitirles que se trepen a ese árbol del paraíso que en vez de hojas tiene plumas, porque se sospecha que, ya en las alturas, se convierten en pajaritas y alzan vuelo.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-22 0 comentarios

DESAFÍO DEL ABISMO

Me condenaron y me abrieron la jaula.
Di un salto y quedé parado en el umbral, vacilante, entre la expectativa y el asombro, contemplando el portento de la libertad y su inmensidad provocadora de vuelos, la tentación del cielo al alcance de mis alas.
Pero miré atrás y vi el plato lleno de alpiste, el vasito de agua limpia y fresca, los columpios de circo bien aceitados, el piso firme, el techo impermeable y las rejas fuertes que me protegían de los depredadores. Y no me atreví a arrojarme fuera, y retrocedí espantado.
Tuvieron que meter la mano, agarrarme, sacarme y aventarme a las alturas. Del susto se me pusieron las plumas de punta y lancé un canto de horror, y ya en poder del abismo, me tocó estrenar las alas y prender a volar, y aquí voy entre las nubes, huyendo de la nostalgia de la jaula que me persigue.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-21 0 comentarios

INGENIO DEL INVENTOR

 Un pájaro muy ingenioso inventó la jaula. Primero construyó la suya dentro de la cual iba a vivir y a trabajar hasta el aletazo final de la muerte, y luego se dedicó al oficio de jaulero, con el cual se enriqueció, se volvió famoso y figuró en la lista de forjadores del mundo. En su testamento dispuso que no lo enterraran en ataúd sino en la jaula funeraria con alas, que él mismo había fabricado para hacer el trasbordo y volar al más allá.

—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina



2020-09-20 0 comentarios

EPIFANÍA

                   ¡Raza de víboras!
                   Mateo 12, 34
En nuestro país, la justicia social era perfecta: cada quien tenía su víbora, pero sólo los temerarios nos atrevíamos a exhibirla en público, enrollada en el cuello y dispuesta a lanzarse contra el prójimo. La mayoría, la llevaba oculta en el nido de su corazón; pero en cualquier descuido, en la mirada, el gesto, las palabras, la embriaguez, la amistad o el amor, les brillaba su epifanía traicionera. 
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina





2020-09-19 0 comentarios

VIRTUDES DE LA LENGUA

                                     Homenaje a doña Naja Nigricollis y todos sus descendientes de dos patas
Una cobra escupidora se volvió paranoica: se figuraba que el universo entero era su enemiga, que la envidiaba, la perseguía y maquinaba contra ella. Y este pobre reptil enfermo, en vez de ir a consulta al hospital psiqutátrico se dedicó a escupir su terrible veneno contra la honra y los meritos de las personas Y como no encontro ningun serpiento que se atreviera a emparejarse con ella, pretendió seducir a un ángel, pero ese la rechazó. Entonces, juró vengarse del amor, del ángel y de esta fábula, y se metió a escritora.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-18 0 comentarios

PÁJARO DE LA LLUVIA

 Azotado con furia por el látigo del viento, el pájaro de la lluvia se estrelló contra el muro invisible de la ventana y se le destrozaron sus alas de agua.
Y vimos su plumaje transparente que escurría por el vidrio como lágrimas de lástima por la caída y los vuelos perdidos.
Pero luego lo oímos cantar en el arroyuelo, y cuando alumbró el sol, recogió las gotas vaporosas de sus plumas, rehizo sus alas, alzó vuelo y volvió a anidar en el cielo.
—Guillermo Velásquez Forero, La bestia divina


2020-09-08 0 comentarios

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso— reveló Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, Y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acercase, se enciende.
— Eduardo Galeano


2020-08-04 0 comentarios

OSMAN PUNICHEK

De la obra 'El animal que todos llevamos dentro'
Cuando Osman Punichek nació, sus padres pusieron el grito en el cielo; el pequeño era retrasado mental. Pero la ira de los Punichek fue dirigida a los dioses, al destino, a la mala suerte. Osman no la sufrió. Al contrario, sus padres lo trataron con cariño y especial consideración. A veces hasta se echaban a sí mismos la culpa de que su hijo fuera retrasado mental. «¿No será algo que comí?», solía decir la madre.
Largamente se discutió en la familia si Osman debería concurrir a una escuela normal o a una especial para retrasados mentales. Finalmente se resolvió lo primero, y Osman supo retribuir a sus padres el favor de tal elección con una excelente escolaridad. Se destacaba por sobre todos sus compañeros en las asignaturas científicas y humanísticas, y en deportes no había quien lo batiera. Las sobresalientes calificaciones de Osman enorgullecían doblemente a sus padres, ya que no sólo eran meritorias de por sí, sino también,
y muy especialmente, por ser las calificaciones de un retrasado mental. Por si esto fuera poco, Osman gozaba de una constitución física privilegiada y era muy apuesto quizá como compensación de la Naturaleza por su retraso mental.
Ya desde su más temprana adolescencia las chicas se peleaban por salir con él. Algunas, es cierto, cuando se enteraban de que Osman era retrasado, se arrepentían y le decían:" "Hoy no, Osman, tal vez en otra ocasión". Pero en general la deficiencia de Osman no era óbice para que él cultivara todos tipo de romances, desde los más apasionados y efímeros hasta los más sólidos y duraderos, como el que aún sostiene con su actual esposa, la distinguida licenciada Muriel Van Jaen.
Osman conoció a Muriel en el marco del Cuarto Ciclo de Conferencias sobre Semiología Médica realizado en Princeton. Esa materia no fue nunca la especialidad de Osmar pero sus trabajos sobre el tema habían interesado sobremanera al comité organizador, sobre todo teniendo en cuenta que eran trabajos de un retardado mental.
Desde sus épocas de universitario, el hobby de Osma Punichek es el ajedrez. La revista soviética 64 publicó recientemente el desarrollo de la partida amistosa que Osman le ganó al campeón de Hungría. El artículo consigna que este jugador comentó, al término del encuentro: "Es la primera vez en mi vida que pierdo contra un retrasado mental".
Cuando Osman Punichek recibió el Premio Nobel de Física, en mérito a su notable reformulación de la mecánica cuántica, donó todo el dinero a la Fundación Riggelman, entidad que subvenciona en el mundo entero programas de atención a retardados mentales. "Sé que mi deficiencia es congénita y que tendré que cargar con ella toda mi vida", declaró a la prensa en la oportunidad, "pero quiero ayudar a que las nuevas generaciones de retardados tengan un buen pasar"
—LEO MASLIAH


2020-07-30 0 comentarios

El zorro es más sabio

Un día que el Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dice voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.
Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.
El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aun escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro. Desde ese momento el Zorro se dio con razón satisfecho, y pasaron los años y no publicaba otra cosa. Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir “¿Qué pasa con el Zorro?”, y cuando lo encontraban en los cócteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.
-Pero si ya he publicado dos libros -respondía él con cansancio.
-Y muy buenos -le contestaban-; por eso mismo tiene usted que publicar otro.
El Zorro no lo decía, pero pensaba: “En realidad lo que estos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer.”
Y no lo hizo.
—Augusto Monterroso



2020-07-29 0 comentarios

PIGMALIÓN

En la antigua Grecia existió hace mucho tiempo un poeta llamado Pigmalión que se dedicaba a construir estatuas tan perfectas que sólo les faltaba hablar.
Una vez terminadas, él les enseñaba muchas de las cosas que sabía: literatura en general, poesía en particular, un poco de política, otro poco de música y, en fin, algo de hacer bromas y chistes y salir adelante en cualquier conversación.
Cuando el poeta juzgaba que ya estaban preparadas, las contemplaba satisfecho durante unos minutos y como quien no quiere la cosa, sin ordenárselo ni nada, las hacía hablar.
Desde ese instante las estatuas se vestían y se iban a la calle y en la calle o en la casa hablaban sin parar de cuanto hay.
El poeta se complacía en su obra y las dejaba hacer, y cuando venían visitas se callaba discretamente (lo cual le servía de alivio) mientras su estatua entretenía a todos, a veces a costa del poeta mismo, con las anécdotas más graciosas.
Lo bueno era que llegaba un momento en que las estatuas, como suele suceder, se creían mejores que su creador, y comenzaban a maldecir de él.
Discurrían que si ya sabían hablar, ahora sólo les faltaba volar, y empezaban a hacer ensayos con toda clase de alas, inclusive las de cera, desprestigiadas hacía poco en una aventura infortunada.
En ocasiones realizaban un verdadero esfuerzo, se ponían rojas, y lograban elevarse dos o tres centímetros, altura que, por supuesto, las mareaba, pues no estaban hechas para ella.
Algunas, arrepentidas, desistían de ésto y volvían a conformarse con poder hablar y marear a los demás.
Otras, tercas, persistían en su afán, y los griegos que pasaban por allí las imaginaban locas al verlas dar continuamente aquellos saltitos que ellas consideraban vuelo.
Otras más concluían que el poeta era el causante de todos sus males, saltaran o simplemente hablaran, y trataban de sacarle los ojos.
A veces el poeta se cansaba, les daba una patada en el culo, y ellas caían en forma de pequeños trozos de mármol. 
Augusto Monterroso


2020-07-28 0 comentarios

La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
—Augusto Monterroso


2020-06-25 0 comentarios

El miedo seca la boca...

El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos reduce a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; pero no se necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.
—Eduardo Galeano 


2020-06-24 0 comentarios

Los llamares

La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay montaña que le pare la pechada.
 El sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube. El primer aire de la mañana llama a los olores de la ciudad que despierta, aroma del pan recién dorado, aroma del café recién molido, y los aromas al aire entran y del aire se apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche en punto estallan en el río esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen. 
—Eduardo Galeano La desmemoria


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Los llamares

 La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay montaña que le pare la pechada.
 El sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube. El primer aire de la mañana llama a los olores de la ciudad que despierta, aroma del pan recién dorado, aroma del café recién molido, y los aromas al aire entran y del aire se apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche en punto estallan en el río esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen. 
—Eduardo Galeano, La desmemoria


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