2011-06-01 0 comentarios

Entrevista a Estanislao Zuleta LA EDUCACIÓN: UN CAMPO DE COMBATE


El maestro Estanislao Zuleta, escritor, ensayista, psicoanalista y profesor de la Universidad del Valle, considerado uno de los principales divulgadores y exponentes de las teorías psicoanalíticas en el país, concedió amablemente a EDUCACIÓN Y CULTURA la presente entrevista realizada por nuestro Editor, Her¬nán Suárez en la ciudad de Cali, en la cual formula sus opiniones sobre la educación y sus fines, así como la situación del bachillerato colombiano. De la extensa y fecunda entrevista, liemos extractado sus partes esen¬ciales y de mayor interés para el magisterio, ante las li¬mitaciones de espacio para publicarla en su totalidad. Queremos iniciar con ella una serie de entrevistas, con el fin de conocer las opiniones y reflexiones . de estudiosos y entendidos de la problemática edu¬cativa, que desde diversas perspectivas y concep¬ciones contribuyan al examen que el magisterio debe hacer de las orientaciones y fines de la escuela en Colombia, uno de los propósitos del Mo¬vimiento Pedagógico.

EDUCACIÓN Y CULTURA: ¿Cuál es su impresión sobre la formación escolar de los jóvenes en Colombia y particularmente sobre el bachillerato?
ESTANISLAO ZULETA: Pienso que el bachillera¬to es la cosa más vaga, confusa y profusa de la educación en el país. Es una ensalada extraordinaria, en la cual se pasa de la clase de geografía a la de geometría y de ésta a la de leyenda o historia patria.
Paradójicamente, el bachillerato es una educación al mismo tiempo muy elemental y muy especializada. Lo que se enseña en matemáticas o en geografía es, por una parte, muy elemental; tan elemental que cuando el estudiante termina sus estudios, ya no le sirve para nada práctico en la vida, ni en sus activida¬des educativas posteriores, cuando no suele ocurrir que olvide todo lo visto.
Esta ensalada del bachillerato se la come el estu¬diante durante seis años y en el examen final, hoy de estado o del ICFES, vomita todo y queda limpio. Por fortuna se libera de toda aquella pesada carga de información y confusión. Pero al mismo tiempo que es elemental, es una educación muy especializada. Tomemos el caso de la historia en el período de la inde¬pendencia. El estudiante tiene que aprender una cantidad de acontecimientos, que son de detalle, yo diría que de especialistas. Tal es el caso de las batallas, en el cual se estudia la ubicación de las tropas y sus generales, el ataque de los flancos, la ubicación y función de la retaguardia y la vanguardia, etc., etc., con un grado tal de especialización y detalle que se necesitaría ser un especialista en historia y estrategia militar.
En cambio, no se enseña que fue lo que pasó desde el punto de vista histórico, que es lo que interesa a un estudiante de secundaria recién iniciado en el estu¬dio, de la historia de su país. Poco se dice sobre el tipo de sociedad de la época; cómo vivían los indios, los negros, los criollos, la nobleza; el tipo de tensiones y rivalidades que existían entre la nobleza terrate¬niente criolla y la corona española; los conflictos sociales entre las distintas clases y grupos. No se enseña, por ejemplo, las razones del hundimiento del imperio español frente a Napoleón, como resul¬tado de la derrota de la Armada Invencible española frente a la armada inglesa. Que un imperio, al otro lado del mar y sin flota, tenía que perder fácilmente sus colonias. Es decir, si no sale Bolívar, hubiera salido cualquier otro. Lo que perdió España fueron las con¬diciones para sostener su imperio en ultramar.
Lo que se enseña son toda clase de discursos, proclamas bobas y frases altisonantes de don Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, etc. No se enseña cual era el problema realmente; cuál el sentido de las luchas de independencia; cuál era el dilema del país: tomar una dirección influenciado por los ideales de la Revolución Francesa o por el contrario, cerrarse sobre la tradición y el colonialismo, reafirmando la dominación española. Es una historia que tras el detalle y la minucia olvida lo esencial, lo global, lo que importa.
Asuntos como las rivalidades entre Bolívar y Santander son detalles, pero los detalles de un gran drama histórico en la suerte y destino de un pueblo. Este hecho queda por fuera de la historia que se "enseña" en el bachillerato, queda oculto. El detalle, la anécdota, el listado de presidentes y próceres siguen dominando la enseñanza e interpretación de la historia.
Igual cosa ocurre en el caso de la enseñanza de la geografía. A un estudiante de bachillerato le enseñan los afluentes principales de los grandes ríos como el Magdalena, el Cauca, el Amazonas, etc.; si no los aprende, puede llegar a perder el año. En cambio no es fundamental, ni se enseñan aspectos como: ¿Qué significa ser del trópico y no de un país de estaciones, desde el punto de vista cultural, social, económico? ¿Qué ha significado la montaña en la vida económica y cultural del país?
Los sectores montañosos, donde no hay una aristocracia de la tierra, sino campesinos y colonos y una particular distribución de la propiedad territo¬rial, en contraposición a la distribución de la tierra de la región de los grandes valles y los grandes ríos, tienen una conformación y un desarrollo social y económico diferente.
En el bachillerato tampoco se examinan los ritmos de la historia en función del espacio geográfico, cómo se llega primero a los grandes puertos que a la montaña.
En una palabra, pensar la geografía no solo como espacio sino ante todo como condición de vida humana.
EDUCACIÓN Y CULTURA: En alguna oportuni¬dad usted afirmaba que la educación es una acción intimidadora del pensamiento. ¿En qué se sustenta su afirmación?
ESTANISLAO ZULETA: Sencillamente porque la educación, tal como ella está, reprime el pensamiento, así no se lo proponga. Su acción se reduce a transmi¬tir datos, saberes, conocimientos, conclusiones o resultados de procesos que otros pensaron. No enseña a pensar por si mismo, a sacar conclusiones propias.
El estudiante adquiere un "respeto" por el maestro y por la escuela que procede simplemente de la intimidación. El maestro subraya con frecuencia : "usted no sabe nada"; "todavía no hemos llegado a ese punto"; "eso lo sabrá o entenderá más adelante, mientras tanto tome nota"; "esto es así y así lo dijeron gentes que saben más que usted".
Al estudiante no se le reconoce ni respeta como pensador, y el niño es un pensador. La definición de Freud hay que repetirla una y mil veces: "El niño es un investigador". Si lo reprimen y lo ponen a repetir y a aprender cosas que no le interesan y que no investigue, eso no se puede llamar educar.
Confieso que personalmente no sirvo como ejem¬plo paradigmático de buen estudiante. Yo no soporto hasta el fin, llegue a gatas hasta cuarto de bachillerato y tire la toalla, no pude más.
Para mí la educación es un tema que me apasiona, lo he vivido como drama con mis hijos, que en parte han sido víctimas de este tipo de educación. Mientras el alumno y el profesor estén convencidos que hay uno que sabe y otro que no sabe; que el que sabe va a informar e ilustrar al que no sabe, sin que el otro (el alumno) tenga su propio juego, su propio pensa¬miento, sus propias inquietudes, la educación es un asunto perdido.
Un aspecto de interés es el examen de la enseñanza de las matemáticas en la secundaria. Al estudiante le parecía que la enseñanza de las matemáticas era un asunto claro. Al pasar al álgebra se siente uno un poco extrañado. La impresión que tuve era que empezábamos a hacer lo mismo pero con letras. Lo que nunca se nos enseñó y se nos creó la inquietud, era qué significaba pensar las matemáticas.
Las matemáticas enseñaban, hasta cierto punto, que sus contenidos era algo que se debía aceptar, no porque alguien lo hubiera dicho, sino porque era susceptible de demostración. Eso era algo atractivo en ese mundo de la autoridad tan generalizada, la cual no es siempre visible y que constituye la realidad y cotidianeidad de la escuela.
En la escuela a uno le enseñan que dos más dos son cuatro, que menos por menos da más; pueda que el alumno no entienda ni comprenda por qué, él sólo sabe que si lo hace así resulta y obtiene buenas calificaciones. Mientras uno no sepa por qué menos por menos da más, no hay una aprobación del proceso que conduce a dicho resultado, lo cual demuestra que también las matemáticas pueden ser un dogma, al igual que la religión o la historia sagrada.
El álgebra que tiene el atractivo de despejar, redu¬cir, asimilar y finalmente obtener X, se convierte para la mayoría en un pesadilla, porque nunca se nos enseñó, no sé si ahora sea lo mismo, un hecho esencial: que el álgebra es una manera de pensar que tenemos todos los hombres.
El álgebra no es más que un desarrollo formalizado de un pensamiento que es nuestro pensamiento. Descubrir las relaciones necesarias entre términos cono¬cidos, me permite encontrar términos desconocidos, eso es el álgebra. Es algo que todos los días estamos haciendo, cuando vamos por la calle, cuando conversamos.
Los profesores tendrían que decirles a sus alumnos que el álgebra es el modo corriente de pensar; que no es algo que simplemente esté en el tablero o en los problemas del texto, sino que está en nosotros y en la realidad.
Es posible que el alumno saque cinco en álgebra pero la olvidará en seguida, porque no la vinculará a procesos posteriores. Puede que la recuerde des¬pués, si decide estudiar ingeniería o cualquier otra carrera, pero entonces ya no necesitará entender, le bastará con aprender las fórmulas, los resultados, con ellos podrá operar.
La educación crea una incomunicación. Yo tengo que llegar a saber algo, pero ese "algo" es el resultado de un proceso que no se me enseña. Saber significa entonces simplemente repetir.
La educación y los maestros nos hicieron un mal favor: nos ahorraron la angustia de pensar.
El que educa con estos sistemas no sabe, lo que está haciendo, pero lo hace en el mínimo de tiempo, de la manera más rápida y menos costosa; a ello se quiere llegar con la tecnología educativa y los méto¬dos de enseñanza audiovisuales, confundiendo educa¬ción con información.
La ideología de la informática ha producido una revolución en el campo educativo, que es práctica¬mente una peste. Es allí donde queda más radical¬mente reprimido el pensamiento como actividad.
Un ejemplo tomado de la enseñanza de la biolo¬gía podría ilustrar mi afirmación: En cierto mo¬mento de mi bachillerato nos tocó estudiar la célula. El profesor apoyado en el tablero nos pintó un círculo y explicó: "Esta es la célula". Más por Fé que por la razón aceptamos que "eso" era una célula. Se nos decía también que era microscópica, pero allí se veía.



"Esto que ustedes ven aquí es la membrana, dentro de la membrana está el plasma y en el plasma está el núcleo y poco a poco se van formando los cromoso¬mas hasta que se ahorcan y se forman dos células". Entonces el maestro pintaba dos bolitas en el tablero.
Lo que resulta interesante de este procedimiento, es que uno como estudiante tenía la ilusión de apren¬der, pero precisamente porque no pensaba, se limi¬taba a ver, oír y repetir.
Si el maestro aceptara que el niño o el joven es inteligente y que puede enfrentarse con problemas complejos, entonces, en lugar de tanta figurita o imágenes, el maestro tendría que exponer el concep¬to de célula, no la imagen, porque la imagen no es el concepto. Se puede o no apoyar en un dibujo, lo cual es secundario.
El maestro debería entonces explicar que la mem¬brana es la piel de la célula, es lo que la separa del mundo que la rodea, así como nuestra piel separa nuestro cuerpo del mundo que lo rodea; también es lo que la protege e individualiza, si no tuviera mem¬brana la célula no sería más que parte de un charco o de otros líquidos. Pero al mismo tiempo que la membrana es la piel es también la comunicación con el mundo, la membrana es la boca, por allí come; pero también es el ano, porque por allí expulsa lo que no le sirve, con lo que siente; es su gran ojo. Entonces la célula es una piel, una boca, un ano, un ojo, una membrana, el sistema sensitivo. El niño quedaría asombrado de una célula que es todo eso a la vez. Posiblemente no se le olvidaría y sería fuente de muchas pre¬guntas e inquietudes; sería más fácil explicarle cómo después las células se van especializando en una boca, en un ojo, en una piel, en un ano, etc.
Lo que me interesa resaltar es que los métodos audiovisuales o las imágenes crean en el estudiante la ilusión de que sabe que es una célula, pero lo que ve es una raya en el tablero y un conjunto de nom¬bres. Una célula es un conjunto de funciones que habría necesidad de explicar e interrelacionar.
Se cree que con la magia de los nombres y de las imágenes el alumno entendió un concepto del cual no se ha apropiado; de nada le va a servir lo que no ha entendido.
Además del problema de enseñar resultados del conocimiento sin enseñar los procesos del conoci¬miento, existe un problema esencial: En la escuela se enseña sin filosofía y ese es el mayor desastre de la educación.
Se enseña geografía sin filosofía, biología sin filo¬sofía, historia sin filosofía, filosofía sin filosofía, entendiendo por filosofía la posibilidad de pensar la cosa, de hacer preguntas, de ver contradicciones.

EDUCACIÓN Y CULTURA: En los últimos años ha tomado fuerza desde las esferas oficiales la llamada Tecnología Educativa y los anuncios de incorporar la informática a la educación. ¿Cuál es su opinión sobre esta teoría educativa?
ESTANISLAO ZULETA: La educación hoy en día se "hace lenguas" con los avances de la tecnología educativa y los métodos audiovisuales. La educación está siendo pensada cada vez más con los métodos y los mo¬delos de la industria. Dar una cantidad cada vez mayor de información en el mínimo do tiempo y con el mí¬nimo de esfuerzo. Hacer en la educación lo que hace la industria en el campo de la producción: mínimo de costos, mínimo de tiempo, máximo de tontería.
EDUCACIÓN Y CULTURA: ¿Por qué la Educación actual es una educación sin filosofía?
ESTANISLAO ZULETA: Porque es una educación para que el individuo rinda cuentas sobre resultados del saber y no para que acceda a pensar en los procesos que condujeron a ese saber o a los resultados de ese saber. Le ahorran a uno la angustia de conocer, lo cual es un pésimo negocio, tanto en la educación, como en cualquier otro campo del saber.
Al alumno, por ejemplo, se le enseña el sistema solar y la teoría de Galileo. Si está en un colegio de clase alta, le muestran con ayuda del betamax o equipos audiovisuales el movimiento del sistema solar y los planetas. Es decir se le muestran los resultados del saber de Galileo pero no el proceso que condujo a dicho saber, las angustias y conflic¬tos que enfrentó Galileo al formular su teoría.
Al niño le imponen dogmáticamente que todo lo que él vive es falso, que lo verdadero es lo que está en el betamax, en el cine o en la lámina didác¬tica. Lo que él ha pensado, lo que él siente es consi¬derado falso, él queda descontinuado.
No hay un enseñar partiendo de los ejemplos de lo que el niño conoce a través de su experiencia. para mostrarle que lo que a él le "parece" o ha vivido son también problemas, sino que se prescin¬de del saber y la experiencia del niño y se le dan los resultados finales del "Conocimiento, que no son más que verdades dogmáticas, carentes de vida e interés.
Lo que el estudiante ha vivido, la manera como él ve las cosas espontáneamente, lo que él piensa, todo ello no cuenta. En cambio se le imponen resul¬tados que supuestamente refutan su propia vivencia y que son considerados y deben ser considerados como la verdad por el alumno.
Yo no sé al detalle cómo funcionará la educa¬ción en la actualidad, pero en mi época de estudian¬te una persona muy inquieta dificultaba las clases. Una persona poco dada a aceptar la verdad del maes¬tro dificultaba las labores escolares. En cambio un individuo que tuviera una aptitud competitiva por tener mejores notas que sus compañeros, sin pre¬guntarse mucho por el sentido de su afán, se llevaba sistemáticamente el primer puesto. Es algo sobre lo cual no se han realizado estadísticas, pero así lo viví yo en mi época, no sé si siga siendo así hoy en día.
EDUCACIÓN Y CULTURA: Las políticas educati¬vas en los últimos años han señalado como uno de sus fines ligar la educación a las necesidades de la produc¬ción, concentrando su atención en la relación educación-economía, educación-producción, dejando de lado la definición de un proyecto o propósito cultural defi¬nido. ¿Cuál es su valoración de dicho enfoque?
ESTANISLAO ZULETA: Voy a considerar la educación como uno de los elementos del proceso económico, es decir me acojo a los textos e inter¬pretaciones de Marx que me son más familiares. Desde esta perspectiva, se analiza la educación como la producción de una mercancía que denominamos: fuerza de trabajo calificada que tiene una demanda en el mercado. La educación se ocupa de preparar a los estudiantes para intervenir en las distintas formas de trabajo productivo en los diversos sectores de la economía.
La eficacia de la educación para preparar los futu¬ros obreros, contabilistas, ingenieros, médicos o administradores, se mide por las habilidades que el in¬dividuo adquiera para realizar tareas, funciones u oficios dentro de un aparato burocrático o produc¬tivo. Su eficacia depende también del dominio de determinadas técnicas, poco importa que la reali¬zación de las tareas productivas coincida con los proyectos o expectativas del hombre que las realiza.
Se trata en esencia de prepararlo como un emplea¬do del capital, por lo tanto, no es muy importante que piense o que no piense los procesos productivos del saber, sino que haya logrado manejar determina¬das habilidades que permitan producir resultados determinados.
El profesor norteamericano Gintis, al analizar la educación norteamericana, sostiene que para el sis¬tema capitalista es necesario formar no solamente un conjunto de individuos con determinados conoci¬mientos sino también con una determnada aptitud y ella básicamente es la renuncia a toda iniciativa.
Gintis afirma, de manera brillante, que la crítica a la educación, generalmente proveniente de los sec¬tores que tradicionalmente se llaman de izquierda, es una crítica que supone que la educación debería formar pensadores pero no lo logra a pesar del costo inmenso en tiempo, recursos humanos, ayudas y equipos. Lo que finalmente logra producir es una especie de técnico con conocimientos parciales, particulares, especializados.
Gintis hace notar que ese es el tipo de técnico que la sociedad necesita. No en una forma voluntarista y para llevar a cabo determinadas intenciones, sencillamente lo que resulta es también lo que ne¬cesita.
Vivimos en una sociedad que es altamente burocratizada —señala Gintis— para referirse no sólo a las sociedades capitalistas sino también a las socie¬dades que hoy se consideran socialistas. En estas sociedades altamente burocratizadas el individuo va a participar en empresas (públicas o privadas) en las cuales existe una rígida jerarquía en dos sentidos: el trabajo que manda y el trabajo que obedece; el tra¬bajo que planifica y el trabajo que ejecuta.
Nos enfrentamos ante una delegación general de la iniciativa.
El trabajador de base carece de toda iniciativa, obedece órdenes; el supervisor del obrero obedece también órdenes; el ingeniero y el subgerente administrativo obedecen también. Sin embargo, la iniciativa no la tiene el gerente, como pudiera pensarse, él también obedece al mercado y a las conveniencias del capital, es decir, el gerente también ejecuta. En síntesis, nos enfrentamos a un proceso, a una cadena de despersonalización generalizada por delegación general de la iniciativa. Hay un gran planificador que no es una persona, es el mercado y las conveniencias del capital.
Gintis se pregunta qué clase de hombre se necesita para estar adaptado a este tipo de trabajo; pues no sería bueno que en una empresa burocratizada se vincularan personas que tengan la rara costumbre de tomar iniciativas, de poner objeciones, de pensar por si mismos. No encajarían bien en dicho sistema, por el contrario, crearían problemas.
En este sentido, nuestra educación es, por una parte, desastrosa en cuanto a, la formación de indi¬viduos que piensen, que tengan autonomía y crea¬tividad, pero no es nada desastrosa en cuanto a la producción de personas que se, ajusten a tareas o empresas que nos les interesan; personas que tienen que ganar el examen de álgebra sin que le interese el álgebra; personas que tienen que estudiar sin que les interese el estudio. Para producir este tipo de personas la escuela que tenemos es la ideal, está hecha para tal fin.
EDUCACIÓN Y CULTURA: Si ello es así, ¿cómo se explica que aun los propios empresarios se quejen de las pocas posibilidades para el trabajo que se obser¬van en los bachilleres egresados de centros de forma¬ción tecnológica?
ESTANISLAO ZULETA: Yo creo que no sólo es el bachillerato, también las Universidades. Lo que ocurre es que desde la primaria a la gente se le educa en función de un examen, sin que la enseñanza y el saber le interese al estudiante o se relacione con sus expectativas personales, situación que se va a repetir una vez termine sus estudios, es lo que va a encontrar en la vida.
Al terminar sus estudios, el individuo no va a salir a expresar sus inquietudes, sus tendencias, sus aspiraciones, sino que se va a enganchar en un aparato o sistema burocrático que ya tiene su propio movimiento y que le va a pedir determinadas tareas o actividades sin preguntarle si está de acuerdo o no con los fines que se persiguen.
Es un sistema educativo en el cual la gente adquiere la disciplina desgraciada de hacer lo que no le inte¬resa ganar; de competir por una nota; de estudiar por miedo a perder el año, de la misma manera que va a trabajar por miedo a perder el puesto.
Desde la niñez el individuo aprende a estudiar por miedo, a resolver problemas que a él no le inte¬resan. El capital ha puesto bajo su servicio y control la iniciativa, la creatividad y la voluntad de los indi¬viduos.
Para producir un "buen estudiante", que no le interesa aprender pero sí sacar cinco; que le da miedo perder el año y sólo por esa razón estudia, puede que el tipo de educación actual sea muy malo desde el punto de vista del conocimiento, pero es el ideal para el sistema y sus intereses.
Por ejemplo, a nadie dentro del actual sistema le va a interesar tener un cajero que tenga una crítica del dinero, sería peligroso para los intereses del banco y de los banqueros.
En cambio, si se les prepara de tal manera que sepan contar bien y rápidamente grandes fajos de dinero, que sepan hacer cuentas, que al final del mes sepan hacer un balance de pérdidas y ganancias, son más útiles que si supieran la teoría marxista del valor y del funcionamiento de la economía. Serían muy peligrosos incluso en la Unión Soviética.
Es decir, el sistema necesita formar gentes que hayan interiorizado una relación de humildad con el saber, la educación lo logra y ese es nuestro sistema educativo.
EDUCACIÓN Y CULTURA: Sus reflexiones hasta ahora dejan entrever una concepción que reivindica una dimensión humanista para la educación. Por qué no profundizar sobre el tema…
ESTANISLAO ZULETA: Lo que considero una educación humanista, para utilizar el término de su pregunta, es una educación que permita y fomente el desarrollo de la persona, es decir, que las posibilidades de desarrollo del individuo no estén relacionadas y determinadas por el mercado. Desgraciadamente en nuestra sociedad el hombre no va a vivir de sus posibilidades, sino de la venta de su fuerza dé trabajo.
Al sistema no le interesa mucho, desde el punto de vista de la eficacia de su aparato, que el individuo se realice y se desarrolle en sus posibilidades, sino que haya individualizado la humildad frente a sí mismo.
Si usted es buen subgerente de cartera, no le presta a los pobres pero sí a los ricos, podrá llegar a ser gerente. A un individuo así no le puede interesar sino una cosa: el éxito, la diferenciación, la promoción, pero no la realización de sus posibilidades. Mientras menos las realice y tenga una mentalidad "técnica¬mente" lacayuna, más éxito tendrá.
La educación, y el maestro sin saberlo, están formando al individuo para que funcione como necesita el sistema, está preparando burócratas, en el sentido amplio de la palabra.
Nuestros niños, que a veces juegan, o hacen juegos de palabras, pintan con cierto talento, les interesa jugar con los números, queremos hacer de ellos perfectos burócratas, se reprime su pensamiento para poder mantener una fábrica de microburócratas que puedan "funcionar" en todas partes.
La educación en últimas, tiende a producir un individuo heterónomo, es decir, alguien que tenga el máximo de heteronimia (dependencia de los demás) y el mínimo de autonomía.
Un individuo que no sepa qué le pasa y qué puede hacer cuando tiene niguas; sino que tenga que contra¬tar un médico, pagar una consulta para que le saquen una nigua. Un individuo que no sepa qué pasa cuando se apaga el fogón, sino que tiene que contra¬tar un electricista, porque él no sabe cómo funciona un fogón eléctrico.
La producción de un individuo heterónomo, que carezca al máximo de autonomía y que además tenga fe en el resto, en los que saben hacer otras cosas, a los cuales "alquila" para resolver problemas que él no puede, ello conduce a que todos nos necesitemos como mercancías, que el mundo mercancía domine la vida.
Para lograrlo la escuela forma una actitud ante la división social del trabajo, hecha de fe ciega oír el otro y de ignorancia asumida sobre sí mismo.
No es extraño entonces que hoy en día al niño no se le enseñe cómo es la casa donde vive, como proponía un ruso inicial, Lenin. Que se le enseñe cómo funcio¬na el reloj, la estufa, cómo se hacen los muebles, etc. En últimas, que se le enseñe al niño dónde vive y por lo tanto no esté rodeado de fantasmas y misterios que otros saben.
El profesor Gintis se preguntaba: ¿Es un mal re¬sultado? ¿O es el resultado de una educación para una sociedad en que la forma mercancía rige todo el mundo?
En una sociedad como la nuestra a muy pocos se les ocurre hacerse esta pregunta e intentar una res¬puesta, no les resulta necesario. Sencillamente porque la sociedad necesita que la gente no sepa nada de su cuerpo y de su funcionamiento, porque para eso está la medicina, para citar sólo un ejemplo.
La medicina es una profesión en la cual el médico va a trabajar para una clientela. Se dice que hay nece¬sidad de cerrar las facultades de medicina porque supuestamente hay un exceso de médicos, lo cual es una aberración afirmarlo, ya que no hay un exceso de médicos en el sentido de la cantidad de enfermos que se necesita atender, sino un exceso de candidatos a burgueses por medio de la medicina, de eso sí hay efectivamente un exceso.
Si se preparara personal que supiera tratar la mala¬ria, la tuberculosis, la parasitosis; que enseñaran a la gente, al menos, a hervir el agua, faltarían muchos médicos, pero eso no convertiría a nadie en burgués. Todo lo que invirtió la familia y el Estado en el privi¬legio de formar un médico, es pagado por éste con¬virtiéndose en burgués.
La relación actual de la medicina es una relación con la clientela, más que una relación con la enferme¬dad. El médico puede estar rodeado de enfermos pero no de clientes. El no necesita tener una gran sensibili¬dad social para vivir en medio de los barrios y las gentes pobres, él sabe cuáles son las causas de la enfermedad en estos sectores. Sabe que hay falta de higiene, de agua potable, de alimentación adecuada, sabe que es un fenómeno social y económico, pero él se limita a su consultorio; él lo que sabe y va a tratar es un hígado y por tanto se especializa en el trata-miento del hígado.
Si este individuo se decide a pensar por sí mismo y reflexiona: "Yo decidí ser médico porque era un combate contra la enfermedad, porque era un com¬bate en favor de la vida y contra la muerte innecesa¬ria"; pero él lo que se encuentra es con la injusticia social, con la explotación, con la marginalidad y ese no es su "oficio", o para ello no ha sido formado.
La educación, de la que hemos venido hablando, le ayuda mucho a no pensar; a no problematizarse; a dedicarse a lo suyo; a ser eficiente como médico-burócrata; como le ayuda también a otros profesionales de otras disciplinas.
La educación pública probablemente se podría suprimir y llegar a una situación en la cual el que quiera ser médico que pagué el costo, lo cual signifi¬caría que sólo los hijos de los ricos podrían ser médi¬cos, y con estos médicos bastaría.
Pero nuestra sociedad necesita crear y alimentar la ilusión de la cual vive: la ilusión de que es una sociedad democrática, una suciedad en la cual hay movilidad social e igualdad de oportunidades. El manido cuento de que un individuo llegó a ser lo que sus padres no eran y demostrar con ello que la nuestra no es una sociedad cerrada, sin movilidad social.
Esa ilusión cuesta mucho, es el costo de mante¬ner la educación pública. Ella es importantísima para sostener el sistema, porque le sería muy difícil a las clases dominantes confesar que no es una sociedad democrática con igualdad real de oportunidades como pregonan los liberales.
Desmontar la educación pública significaría des¬montar las ilusiones, es el costo que están pagando por mantener esa ilusión. Gran parte de la educación pública es lo que le cuesta a la burguesía sostener la ilusión de la mayoría de la población de que su destino no está dado por su nacimiento sino que se debe o resulta de la adecuada utilización y aprovecha¬miento de las oportunidades que brinda el sistema a través de la educación.
EDUCACIÓN Y CULTURA: Si la educación produce unes resultados tan catastróficos y desalentadores cómo se explica la "fe ciega" en la educación por parte de todos los sectores sociales y del propio Estado. ¿Por qué una "equivocación" tan socialmente extendida y aceptada?
ESTANISLAO ZULETA: Nuestra sociedad necesita no sólo formar burócratas, necesita también crearle a todo mundo la ilusión de que es una persona con posibilidades, con futuro y que la educación es un ascensor social.
Nuestra sociedad, que se precia de liberal, democrá¬tica, con movilidad social e igualdad de oportunidades tiene qué pagar un costo altísimo por este discurso y cada vez le costará más. Sin embargo, para los maestros este costo significa un espacio político. Tenemos que emplearlo para crear un espacio desde el cual podamos combatir el sistema en su conjunto. No es el único, pero es uno en el cual el magisterio tiene grandes posibilidades.
Quiero precisar que mis opiniones no quieren decir que se liquide entonces la educación. Es un mal negocio para las clases dominantes y allá ellos con su nego¬cios e inversiones.
El campo de la educación es un campo de combate. Todo el mundo puede combatir allí, desde el profesor de primaria, pasando por el de secundaria hasta el profesor de física atómica de la universidad.
Combatir en el sentido de que mientras más busque la posibilidad de una realización humana de las gentes que educan más estorba al sistema. Por el contrario, mientras más se eduque a las demandas impersonales del sistema más le ayuda a su sostenimiento y perpe¬tuación. Este es el campo de combate de los educado¬res, tienen un campo abierto allí y es necesario que tomen conciencia de su importancia y posibilidades.

2011-05-17 1 comentarios

Sobre el origen mágico de la poesía: Walter Muschg


Sobre el origen mágico de la poesía[1]

Walter Muschg

Con cuánta Fuerza y seguridad recuerdo la hora en que, como si fuera un rayo, comprendí la magnitud del prodigio del que quiero hablarlos ahora, Fue en un concierto, en el que coro y orquesta se disponían a representar la composición de Goethe Erste Walpurgisnacht. Yo era por entonces más un muchacho que un hombre; aunque el ruido de la música me aturdía, estaba leyendo en un trozo de papel que tenía adelante, hasta que, de repente, me topé con el verso final de los druidas:

La llama se purifica del humo

¡Así purifica nuestra fe!

Y si alguien nos roba la vieja tradición,

Tu luz ¡quién la puede robar!

No voy a describir la indecible elevación que me produjo este himno. Lo cito simplemente como ejemplo para la poética de la literatura moderna. Fue más tarde cuando descubrí lo que escondía el pacifico texto, tantas veces ensayado: el juego de sonidos, de los diptongos, por ejemplo, a lo largo de todos los cuatro versos, cómo el último “robar” es preparado por el “roba” del tercer verso, y cómo robar parece surgir, en bienaventurado alumbramiento, de la “tradición”; pero sobre todo, el juego de los sonidos en r, que aquí poseen una belleza verdaderamente misteriosa. Contribuyen a una perfecta aliteración y están aquí perfectamente combinadas, hasta el punto que, posiblemente, de ellas emana la sonoridad de la estrofa. Este recurso suena inadecuado para nosotros si nos atenemos estrictamente a la definición clásica de la rima.

¿Qué entendemos nosotros por versos con rima? Versos cuyas palabras finales coinciden por pares a partir de las sílabas que lleva el acento tónico, de forma que cada par de versos, siguiendo un orden inmediato o mucho más complicado, acaba en un mismo sonido. La primera sorpresa que se nos ofrece tras un examen más minucioso, consiste en que la dualidad que trata de imponer e en nosotros al pensar en las prácticas de uso, se viene abajo inmediatamente por engañosa. Conocemos las estrofas del soneto italiano, de la octava real o del canto y la forma orientales del ghazel, del mukam, en lo que aparece una rima triple, cuádruple incluso superior. A nosotros nos parece que cuanto mayor es la profusión con que se presenta, tanto más artística, más virtuosa es, pues la rima va unida, en definitiva, a la idea del arte. ¿Qué sentiríamos si, pongamos por caso, todos los verso de un poema tuvieran la misma rima? No sería para nosotros una obra de arte, sino algo primitivo, bárbaro. Aquí radica, a nuestro entender, la contradicción.

En la historia de la poesía ha habido épocas en las que imperaba este, para nosotros, absurdo hacinamiento. la épica en verso del medioevo conocía las tirades monorimes, consistentes en largas retahílas de versos con la misma rima. Es una forma muy antigua incluso de la métrica latina. En los himnos cristianos de los primitivos tiempos se pueden encontrar ejemplos similares. Hay un poema de Commodianus, que data del siglo III, cuyos 26 hexámetros terminan, en su totalidad, en o; y un salmo de San Aguastín cuyos 270 versos acaban en e y, además, cada docena de versos empieza con una letra del alfabeto. La antigua poesía española y francesa gustaba de relatos cuyas estrofas repetían indefinidamente la misma cadencia. Los himnos latinos de principio de la Edad Media, que inicialmente desconocían la rima cruzada, pretendían demostrar su arte en mantener la cadencia elegida durante el mayor tiempo posible. En la alta Edad Media pusieron todo su empeño en mantener la rima de forma regular a lo largo de los cuatro versos de una estrofa. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con el Dies irae y su estrofa de cuatro versos. Cuando, en el siglo XII, la lírica alemana alcanzó su plenitud y trató de emular la maestría formal de sus modelos meridionales, también supo apreciar ocasionalmente la rima.

Una segunda importante observación consiste en que la rima consonante, dentro de la literatura alemana, ha de ser considerada esencialmente como un logro cristiano. Forma parte del patrimonio sagrado, que con la sangrienta conversión, durante el imperio carolingio, fue plantado en suelo alemán y allí provocó aquel cambio en la orientación de la cultura que preocupa a tantos espíritus. Los germanos poseían una forma completamente distinta de rima, la aliteración, la unión de los versos por repetición de las consonantes iniciales de acuerdo con las reglas ya fijadas. La rima fue en un principio letanía de curas y fanáticos estribillos, una muestra más de la extranjerización que, por entonces, triunfaba con todas las armas imaginables. Mucho han discutido los entendidos acerca de este particular. Hace cien años, los hermanos Grimm afirmaron -en especial Wilhelm, autor de un famoso estudio- que la rima final no era algo importado, sino un recurso artístico que había surgido por sí mismo de la poesía germana. Para ello se basaban en que la rima no falta por completo en los viejos textos germánicos y estaban convencidos de que, en toda la lengua, la rima podía considerarse con pleno derecho como un producto espontáneo. Así, por ejemplo, en la grandiosa Crónica sajona, en la que, por lo demás, se muestra el carácter de la lengua alemana en todo su salvaje primitivismo, aliteración y rima final aparecen en impulsivo desorden. Desde entonces, la cuestión hace ya tiempo que ha sido decidida en contra de los hermanos Grimm. Considerada en su conjunto, presenta el paso del paganismo a la era cristiana como un cambio casi instantáneo, al que contribuyeron todas las fuerzas y poderes de los nuevos tiempos, con la Iglesia y los caballeros a la cabeza. Hoy leemos, en cambio, la tragedia toda de aquel ocaso de una cultura en la forma del verso, a través del cual la saga heroica de los germanos paganos enlaza con la era cristiana. Su monumento más grandioso, el Cantar de los Nibelungos, nos ha llegado en la forma posterior, ajena a su misma esencia: en versos con rima final, que aquí constituye un atributo externo, falto de arte, casi sin fuerza para romper el conjuro, de la misma forma que personajes y relato de la leyenda a duras penas si se someten a la ética cristiana.

Si la rima final no es de origen germano, ¿de dónde procede entonces? Seguro que no de la poesía clásica latina, pues la poesía latina no la conocía, aun cuando con respecto a ella hay que hacer la misma salvedad que con respecto a la germana. La poesía latina contiene numerosas rimas dispersas, y lo poetas más antiguos y más próximos a la poesía popular practican en ocasiones la aliteración. En los griegos, la rima es todavía menos frecuente, más rara, pero asimismo aparece con mayor profusión en los autores dramáticos, en Hesíodo y, de manera especial, en Homero, en los que, de nuevo, aparecen con más diafanidad las maneras de la poesía popular. Por cierto que los versos griego y latino estaban construidos de acuerdo con leyes totalmente distintas de las que regían el verso germano, lo que se debía a la diversa función del acento. Su entonación estaba en abierta y total contradicción con el lenguaje cotidiano, flotaba como melodía sobre el contenido conceptual de las palabras, como objetivo sonoro en sí mismo, al margen del significado de lo dicho; constituía una austera belleza de la melodía, que se sometía al contenido. La base fundamental para ello era la preferencia por acentuar las sílabas finales de todas las palabras. Las lenguas germánicas, por el contrario, acentuaban siempre las sílabas de la raíz, con lo que también en el verso nos encontramos con que el principio lógico predominaba sobre el melódico, toda vez que los acentos básicos recaían siempre sobre las sílabas más significativas. Este principio es, en cierto modo, filosófico; él fue el que hizo que el rapsoda de versos con aliteración, cuando se recreaba en

la rima, se imbuyera asimismo en el sentido de los versos, en tanto que el hombre del Mediterráneo, al recitar, se elevaba hasta los dominios sin fronteras de la embriaguez sonora. Una diferencia similar existe con respecto a la lengua alemana, como podemos apreciar al escuchar los himnos sacros de la Edad Media, en los toda fuerza se descarga sobre la sílabas finales, que nada tienen que ver con el contenido más importante del verso; tal es el caso de las siguientes estrofas:

Judex ergo cum sedebit,

Quidquid latet, apparebit,

Nihil inultum remanebit

Quid sum miser tunc dicturus?

Quem patronum rogaturus?

Cum vix justus sit sicurus.

Son varias las teorías que pretenden explicar la penetración del furor rítmico en la poesía de la Iglesia en latín. Algunos pretenden ver en ello una técnica popular emparentada con la más antigua poesía popular de Roma y que fue adoptada por el clero por motivo similares para la propagación de su doctrina, como han hecho en todos los tiempos los difusores de todo movimiento popular. Otros quieren ver en ello un elemento céltico, pues en la más antigua poesía céltica, que data del siglo VI después de Cristo, la rima final aparece con harta frecuencia y los celtas irlandeses desempeñaron un papel destacado en la cristianización de Europa, como mensajeros de la fe. Lo que es seguro es que la poesía eclesiástica adopta la rima en el siglo V con plena conciencia y que, posteriormente, una vez sometidos los alemanes, la rima aparece como recurso expresivo del nuevo espíritu. El lenguaje poético que ahora llegaba a los pueblos era de distinta naturaleza. Uno llamaba a sus obras carmina rhythmica o ritmi; tal vez la palabra alemana Reim procede de la francesa rime. También hay investigaciones que derivan este vocablo del céltico rín, que significa cifra, número. En cualquier caso, el término alemán no experimento sino bastante más tarde la limitación al uso actual. Entonces se aplicaba a la totalidad del verso rimado; el término Kehrreim (estribillo) como sinónimo de Refrain (copla final) permite reconocer que, inicialmente, también pudo designar un grupo de versos. Aún más luz arroja sobre el pasado de la expresión alemana ungereimtes Zeug, aplicado a lo que se dice o escribe sin ton ni son, sin rima. Esta expresión contiene el convencimiento popular de que la rima es algo más que un juego de palabras enlazadas, de que allí donde no hay rima no hay tampoco verdad...

Otra cuestión es si lo alemanes hubieran adoptado y conservado durante un milenio semejante recurso expresivo, de ser efectivamente tan ajeno a su esencia como la investigación pretende. Esta cuestión ya no es formulada en ninguna otra parte; sólo los hermanos Grimm la han afrontado y, basándose en ciertos indicios, han señalado a este respecto que la rima final se debe entender también como patrimonio germánico. Ya nadie más comparte esta opinión, pero nadie sabe tampoco que una y otra formas de rima pueden ser agrupadas perfectamente bajo un concepto germánico común. ¿Qué puede apreciarse con toda claridad en ambas formas, sino un principio general de repetición? Tanto allí como aquí surge la repetición de determinados elementos del verso con un efecto concreto, y uno se pregunta si, al final, no se llega al mismo resultado. ¿Se sacrifica el resultado al adoptar un recurso distinto? Aquí es obligado detenerse a examinar atentamente esta tendencia a la repetición.

Imaginemos un poema de cien versos, todos ellos con la misma rima. ¿Qué impresión nos produciría? Yo he llamado primitivo y bárbaro al procedimiento de las antiguas retahílas francesas; tal vez hubiera hecho mejor calificándolas de monótonas, desérticas, adormecedoras. Cien o mil veces bajo el tono de la misma rima: esta obstinada monotonía, comparable a la gota que cae, idéntica, eternamente, acabaría por volvernos locos y nos parecería el enemigo maligno mismo. A esto hay que añadir lo siguiente: existen muchas formas distintas de repetición a las que hoy no llamamos ya rima, pero cuyo efecto es, en principio, el mismo. Por la Biblia conocen la manera de representar un pensamiento bajo una expresión de doble sentido, un cuadro mediante una metáfora doble, y saben asimismo que ésta es una característica propia de toda la poesía oriental. En sentido inverso, también una figura estilística puede dominar pensamientos afines e imágenes. Este paralelismo es sin duda también una especie de rima, incluso, a buen seguro, la más antigua que conocemos. En la antigua poesía rusa, por ejemplo, es asimismo el más sorprendente medio expresivo, y las leyendas populares de todo el mundo están imbuidas en él. En los cuentos de Grimm, trozos de frases, frases e incluso párrafos enteros aparecen de nuevo al repetirse las situaciones. Nosotros, a la tercera vez, ya no lo soportamos y lo pasamos por alto, pero a un niño no se le debe nunca esconder. Está claro que tanto la aliteración como la rima, junto con el metro del verso y la estrofa, pueden ser agrupadas bajo el mismo concepto de la repetición, el cual ha dado origen asimismo a las interminables plegarias de tantos pueblos y al rosario cristiano.

Y ahora digo yo: ¿han buscado acaso los pueblos antiguos en la rima esa locura paralizante que nos amenaza. También a nosotros cuando intentamos sobrepasar su principio? Aquella preferencia por el mismo sonido, repetido indefinidamente, que nos resulta primitiva y disparada, ¿no pudo ser algo completamente distinto, no pudo ser el delirio, el camino hacia el éxtasis? En los primeros tiempos, nunca un individuo solo recitaba para sí en voz baja, sino que era por lo general el coro, la comunidad en la fiesta pública. ¿Tenemos nosotros idea de la fuerza con que este método es practicado aún hoy por pueblos exóticos? Las tribus africanas realizan sus danza de acuerdo con una prescripción antiquísima: en lujoso atuendo ritual, en grupos perfectamente definidos y entonando plegarias, acompañadas de una música monótona, que se prolonga durante horas y horas. Una y otra vez, las gargantas de los hombres lanzan gritos agudos y graves susurros; a veces, una nueva modulación recorre el grupo, como si fuera un repentino golpe de viento, pero en seguida vuelve el vendaval de interminables letanías. Se trata siempre de los preparativos para un acto agrado, para un holocausto o para la cacería y dura a menudo no sólo desde que el sol sale hasta que se pone, sino incluso días y noches. Una tribu danzante es, en el paisaje, como una aparición elemental, como un eclipse de sol o una desbandada de animales. Tan pronto se la ve aquí como allí, se mueva una meta sagrada. de entre las hileras de danzantes, de cuando en cuando, caen al suelo seres agotados, echando espuma por la boca, sin sentido. Aquí triunfa el disparate supremo de la repetición, el ritmo del mundo, del mar, que el hombre lleva dentro de sí y puede oír como el latido de su propio corazón; el ritmo se ha apoderado de ellos, y ellos le han aceptado y bajo su influjo caen rendidos porque han pretendido comparar la vida propia con la duración y el aliento infinito de lo creado. No hay ser humano que soporte este aliento, no obstante, este caer rendido es una gracia: porque no puede hacer nada más elevado que la identificación de la criatura con el mundo, nada más elevado que ser un instrumento, un órgano, y porque el cobrar conciencia de la duración es el primer paso hacia el sentido de la existencia. Probablemente, el caer al suelo, desplomado, de estos danzantes ha de ser dignificado de un punto de vista biológico. En ellos, un carácter ancestral, oculto, triunfa sobre otro más joven, la vida vegetativa sobre la espiritual, su vida inconsciente obre su conciencia. El principio de la repetición interminable a que se entregan está centralizado más en la esencia que en la corteza cerebral, es una di posición arcaica, no una cualidad o destreza adquirida en época posterior. Un moribundo, una parturienta caen víctimas de su fuerza; un entendido la rechaza.

Todos hemos oído hablar del "camino hacia la valentía" de hileras de orantes en la mezquitas turcas, a las que, en los días de fiesta, se unen cualesquiera hombres de la calle, señores y humildes. Durante horas y más horas mueven la parte superior del cuerpo al compás de los timbales y los instrumentos musicales de madera hasta que, ahora uno, después otro y, por último, gran número de ellos empieza a cometer atrocidades: martillos que golpean las empuñaduras de espadas colocadas a la altura de los cuellos, cuchillos que se hunden en la piel desnuda, hojas curvadas que hieren lo torsos. Y por encima de todo ello, el grito enloquecido de "Mahoma, Mahoma", una orgía de sexo y sangre que como cuadro petrificado, se abate sobre las víctimas. Una mano de anciano acaricia su frente y lo lleva de la convulsión al sueño inconsciente. Por último, despiertan de nuevo y se recuperan. Todos son los mismos de antes, se pierden de nuevo en el bullicio de la calle... Un horror al abismo del ser nos aleja a nosotros, europeos, de estas exaltaciones. He visto muchas películas etnográficas y conservo una foto tomada de una danza en África central que me persigue en sueños; es el rostro de uno de los danzantes y cazadores que, en definitiva, han de vivir exclusivamente para la muerte ritual del león; todo era realmente leonino. Nadie puede explicárselo, y, no obstante, es cierto. Pero recuerdo también procesiones católicas nocturnas; se las oía avanzar en la oscuridad, por invisibles caminos a través del paisaje, con un murmullo denso, contenido, incorpóreo de la larga comitiva, que a nosotros, hijos de otra confesiones, nos ponían los cabellos de punta.

Si es cierto que el secreto de todas las cosas radica, al menos en buena parte, en su origen, acaso se no abre aquí un camino a la comprensión de la lírica, incluso de la poesía en su conjunto. Hasta ahora solo hemos indagado retrospectivamente dos de sus elementos más importantes, el ritmo y la rima, hasta allí donde tienen una vida más exultante y real. si hemos procedido correctamente, podemos extraer numerosas consecuencias. En primer lugar, que la rima doble representa una racionalización tardía, una medida domeñadora en orden a lo artístico. Pero también la pretensión de los poetas por alcanzar una rima lo más pura posible, distinta incluso por lo rara, trastrueca el primer impulso. Quién no se daría cuenta al momento de que en el murmullo nebuloso de los posesos el sonido más frecuente, en cierto modo el más similar, no el más raro, había sido estudiado y colocado con toda atención... La historia del verso demuestra realmente por doquier que en los primeros tiempos de la lírica lo que se pedía no era la rima perfecta, sino simplemente una forma de asonancia, una cierta similitud en el sonido final. De acuerdo con nuestros conceptos, los himnos cristianos han tenido durante quinientos años una rima harto penosa, lo mismo que la poesía romana más antigua. En la poesía española, la asonancia ha seguido siendo hasta los tiempos modernos un recurso artístico perfectamente válido. Tanto allí como aquí, la asonancia es herencia del cantar popular. Heine sabía muy bien que esta rima pertenece al carácter de la canción popular; Goethe y los románticos la emplearon con profusión. En todas partes, primero la poesía como arte consciente establece la diferencia entre asonancia y rima pura, y, la mimo tiempo, el ideal de la forma perfecta, del agrupamiento, del cruce, de la condensación del verso en estrofas.

El ritmo como camino hacia el éxtasis religioso, y la rima progresión embriagadora de este proceso: aquí puede esconderse un importante argumento en torno a la vieja disputa sobre el origen de la poesía popular. En la investigación, los racionalistas han vencido hoy, incapaces de imaginar una poesía colectiva, anónima en su esencia. Ellos creen que detrás de todo epos místico, detrás de cada variante una canción popular, se esconde un autor que crea de acuerdo con una idea fija, un autor cuyo nombre se perdió por alguna circunstancia accidental. Pero si detrás de esas obras se alza una colectividad conjurada por arte de magia con la repetición rítmica, una técnica del éxtasis colectivo practicado a lo largo de los tiempos, el racionalismo de los eruditos ha perdido aquí su razón y su fuerza. Entonces se comprenderá que incontables seres anónimos, improvisando en su estado delirante, contribuyen al desarrollo de un cuerpo poético, cuyas características son la constante mutación, esa constante subida y bajada, ese fluir que conocemos por la historia de la poesía de los pueblos. Todo consiste en descubrir en la humanidad poderes aprehensibles o inaprehensibles y perseguir retrospectivamente sus huellas, sus manifestaciones. ¿Sabemos acaso los poderes que pueden despertar en una colectividad transportada por los ritos del culto?

De entre todas las modalidades de la poesía moderna, la lírica es por excelencia el género del éxtasis. En ella se alcanzan siempre las más altas cimas de una lengua, en ella la palabra alcanza su mayor pureza en sí misma, como sonido y ritmo. Yo sólo puedo explicarme esto de acuerdo con su prehistoria. En otro tiempo, la lengua era goce. Las palabras se emparejaban. En el relato del poeta ardía el amor, un amor corporal, una amor entre el sonido masculino y femenino. Prestemos atención todos; ahora aprenderán algo sobre el placer irracional de la concepción lingüística. Se apaga lo en otro tiempo fuera lenguaje de iniciados: un camino al final del cual esperaba una orgía o la muerte. Un medio para aproximarse a dios, para identificarse con él, no solo un espíritu, sino también en cuerpo. No hay lírico auténtico de tiempo más reciente que no lo supiera. Pero los demás, el público y los estetas, salvaban este abismo con el argumento de que en la lírica uno se encuentra más cerca de los cimientos de la existencia, que la lírica habla más directamente al corazón, que la lírica permite vislumbrar, detrás de la palabra y la imagen, un poder que sólo se puede evocar en un símil. No, este poder fue en otro tiempo real y penetraba a través de todos los sentido con su vehemencia destructora, y la belleza que nosotros admiramos era tan sólo el puente para llegar a él. Recitar rimas y ritmos significaba en otro tiempo algo parecido a lo que hoy significa conectar un cable de alta tensión, poner en marcha una máquina. El que no conocía los secretos, se guardaba muy mucho de manipular en ellos. La palabra del poeta -en los grandes tiempos, la poesía equivalía a verso y rima- resplandecía a un conjuro reservado exclusivamente a los iniciados. si una palabra de lo que siempre se ha venido diciendo: que ritmo y rima de cubren la acción bienhechora, por lo que tiene de freno, de la razón, el entendimiento que elabora y ordena en secreto los accesos emotivos. La verdad es todo lo contrario: rima y ritmo sirven al delirio, al oscurecimiento. La belleza embriagadora que la palabra cobra para nosotros en la rima final es tan sólo un resplandor de la catarata luminosa que abatía a los danzantes salvajes cuando, como en una fusión con el universo, entonaban sus monótonos cantos entre gritos y alaridos.

La lírica emana, como un primer recuerdo, de la esfera mágica de la lengua hasta nosotros. Es una reminiscencia del lenguaje mágico. Nosotros gustamos hablar de lo hechizo, peor sin saber lo que ello significaba. No es una manifestación del desolado irracionalismo que hoy predomina y nubla todas las luces, que pretende convertir en enfermedad toda fortaleza. El que prefiera dar crédito a los manuales escolares , que defienda su teoría de que toda forma de rima es un juego de sonido agradable, un recurso para ordenar con gracia el relato, que detrás de la rima se esconde el placer en la sonoridad, el instinto lúdico, de que tanto se ha hablado. Al que le horrorice el abismo sórdido y sangriento que sin duda se oculta tras las más pura manifestaciones de las sensibilidad europea, que asista a una mi a católica, escuche la letanía de los clérigos, ese tono de trance; que observe la magia cautivadora que fue durante mil años terreno abonado en Europa. Todo ha ocurrido en realidad de forma menos racional y abstracta de lo que pretenden hacemos creer los manuales de historia. Todo lo vivo es concreto, ha sido real alguna vez en su desnuda forma material. Nunca se nos hubiera ocurrido a todos nosotros decir que el poeta se siente identificado con el árbol y la bestia, con la primavera y el universo, si él mismo no hubiera procedido alguna vez como los cazadores de leones en la selva.

Es cierto que nosotros ni hemos sido llamados ni somos capaces de retroceder un proceso milenario. También rima y ritmo han conocido en Europa esa espiritualización en cuyo seno todos hemos nacido. Dante la elevó a su expresión suprema, al hacer que las tres partes de su obra acaben, en perfecta simetría, con la misma palabra: un recurso de singular pureza, consiente, intelectual; nada de turbio paroxismo de la sangre. Pero el más profundo conocimiento de la poesía no puede cerrar los ojos a la realidad, al menos cuando está en entredicho el derecho de la poesía. Esta es la situación ante la que nos encontramos. No es una ilusión, la más real vinculación del ser humano con el cosmos se agota cuando se pierde la lírica. El mundo está ahora sumido en el ruido de aquellos que pretenden conquistar la creación a través del pensamiento. Quién podría ignorar la ficción la incapacidad de esta empresa. Un día el hambre de auténtica comunicación será incontenible, un hambre que se esconde igualmente detrás de nuestra técnica. El pasado muestra que ese instinto ancestral es invencible, y nuestra época lo confirma de forma más crasa que nunca. Nada hay más vinculado al momento de este hambre. No nos dejemos engañar por aquellos que nunca han contemplado el rostro auténtico de la humanidad.

Ninguna imitación, ningún comportamiento aprendido puede suplir una auténtica vocación. La verdad es siempre espontánea, sufre incontables, nunca imaginadas, metamorfosis. De esta convicción incontenible han surgido, hasta nuestro tiempo, las grandes obras. En esta oscuridad se ha sumergido el poeta, siempre que pueda. Si no puede o, si pudiendo, no se atreve por miedo, no diga que la poesía ha muerto. Que diga la verdad: la poesía resulta demasiado pesada.


VERSION IMPRESA


[1] Die literarische Welt, Berlin, marzo 3 de 1933

2011-04-10 0 comentarios

Lo peor del amor...

2011-02-24 0 comentarios

Konstantino Kavafis




Konstantino Kavafis





"El hombre que ha gastado su vida, en vano intentará volver ha vivirla mejor, de modo mas ético. La ciudad, la ciudad imaginaria, le seguirá, la adelantarà y le esperará con las mismas calles y los mismos barrios"
Konstantino Kavafis
firmaba también como Alex Madis














CIRIOS
Delante nuestro están plantados los días del futuro,
como una fila de cirios pequeños encendidos, dorados,
calidos y vividos cirios
quedan atrás los cirios del pasado
como una triste fila de cirios apagados
los mas cercanos humean todavía
cirios fríos torcidos y consumidos
no quisiéramos mirarlos nos aflige su forma
y nos aflige recordar su luz primera...
Hacia adelante miramos nuestros cirios encendidos
no queremos mirar hacia atrás por no temblar
viendo cuan presto se alarga la oscura fila
cuan presto cunden los cirios apagados...

CIUDAD

Has dicho: me iré a otra ciudad me iré a otra tierra, a otro mar,
Ha de haber alguna otra ciudad mejor
Cada vez que intento algo una sentencia me condena
Y mi corazón como un cadáver yace sepultado
¿Hasta cuando ha de estar mi razón sumida en el marasmo?
Donde quiera que vuelva mis ojos y mire veo negras ruinas de mi vida.
Aquí a donde tantos años he pasado
Me he arruinado, me he destrozado.
Nuevos lugares no hallarás
No hallarás otros mares; la ciudad te seguirá
Te perderás por las mismas calles
Y envejecerás en los mismos barrios
Y te saldrán canas en las mismas casas
Y siempre llegaras a la misma ciudad
No esperaras que haya barco o camino;
Para tí hacia otra parte
Tu vida tal y como la has arruinado aquí
En este pequeño rincón
Por todo el mundo, la has destrozado.

SATRAPIA
Que adversidad estar hecho para bellas y grandes obras
Y que tu mala suerte siempre te niegue ánimos y éxitos
Que te encuentres impedido por mezquinas costumbres
Y que terrible el dia en que cedes, (el dia en que te abandonas y cedes)
Y tomas el camino para Susa
Y acudes al monarca Artajerjes
Que te acoge benévolo en su corte
Y te ofrece satrapias y cosas así; esas cosas que no quieres
Porque otras cosas busca tu alma
Por otras llora el elegido del pueblo y de los sofistas
Inestimable el aplauso difícil de obtener
El ágora, el teatro y las cosas estas podrá darte Artajerjes.
Esto como lo encontraras en una satrapia?
Y que vida podrás llevar sin esto?

(?)
Ve ala muerte con bravo corazón y paso firme
Porque la muerte puede encontrarte mañana sino hoy
Y nadie se libra de ella, ve hijo mío
Ve hacia tu dios que sostiene la balanza de la más alta justicia
Libre de las necesidades de tiempo y circunstancia.
Ve, nuestros corazones están contigo
Nuestros ojos lloraran siempre por ti.
Ve, a tu sentencia de muerte
Que has recibido de la justicia humana
Puede más que tu vida ser mostrada como una gran lección
Para tu pueblo y tu país.
Ve, si los hombres no tienen piedad de ti
Inconmensurable es la gracia divina
Adiós, hijo mío adiós.

YUSEF HUSEYN SELIM
Cuando le cogieron los cristianos para colgarle, al joven inocente de diecisiete años, su madre, que allí al lado de la horca se tiraba por el suelo revolcándose; tanto gritaba y gemía como un lobo, como una fiera como sin fuerza entonaba la mártir su lamento “solo diecisiete años me has vivido hijo mío” y cuando le subieron a la horca y le pasaron la soga y le ahorcaron, al inocente joven de diecisiete años y miserablemente pendía en el vacío con los espasmos de la negra agonía, el cuerpo del joven bellamente hecho, su madre; la mártir se revolcaba por el suelo y su lamento ya no era por unos años –solo diecisiete días, se lamentaba “solo diecisiete días te he tenido hijo mío”

ÍTACA
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
Has de rogar que se alargue el camino
Lleno de aventuras, lleno de experiencias
A los lestrigones y a los cíclopes
No temerás al airado Poseidón pues tales seres no hallarás
En tu camino si tu pensamiento es elevado
Si toca una selecta emoción tu alma y tu cuerpo
A los lestrigones y a los cíclopes no encontraras ni al feroz Poseidón
Si no los llevas dentro de tu alma si tu alma no los yergue ante ti
Has de rogar que sea largo el camino que haya muchos veraniegos
En que arribes con gozo alegremente
A puertos que nunca antes habías visto
Que te detengas en mercados fenicios
Que compres sus bellas mercancías
Madreperla y coral, ámbar y ébano
Y perfumes placenteros
Que vayas a ciudades egipcias, a muchas
Parea aprender de sus sabios
Siempre en tu mente has de tener a Ítaca
Llegar a ella es tu destino
Pero no hagas el viaje con prisa alguna
Mejor es que dure muchos años
Y ya viejo que ancles en la isla
Rico de cuanto as ganado en el camino
Sin esperar que te haga rico Ítaca
Ítaca te ha dado un bello viaje
Sin ella no te hubieras puesto en camino
Pero no tiene ya que darte
Y si la encuentras pobre. Ítaca no te ha burlado
Te has hecho tan sabio, tienes tanta experiencia
Que ya habrás comprendido que es Ítaca

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS
¿Qué esperamos en la plaza riéndonos?
A los bárbaros que hoy llegan
¿Por qué reina tal calma en el senado?
¿Por qué los senadores sentados no legislan?
Porque hoy llegan los bárbaros
¿Qué les van hacer los senadores?
Los bárbaros nos darán leyes cuando
Vengan
¿Por qué el emperador se levanta tan de
mañana?
¿Se sienta en su trono ante la puerta mayor de la
Ciudad ciñendo su corona? Porque hoy llegan los
Bárbaros y el emperador espera para recibir a su
Jefe e incluso tiene un pergamino para
Dárselo al que ha escrito títulos y nombres
¿Por que nuestros cónsules y todos los pretores
Salieron hoy con sus togas recamadas y rojas?
Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
Anillos Ocón tantas esmeraldas ristalinas
¿Por qué empuñan hoy bastones preciosos de oro
Y plata tan ricamente cincelados? Porque hoy
llegan los bárbaros y estas cosas deslumbran a los bárbaros.
¿Por qué los buenos retores no visten como
Siempre, no visten como siempre, han de decir sus discursos y ha hablar como suelen?
Porque hoy llegan los bárbaros y a ellos no
Les gustan retóricas y alocuciones
¿ Por que ha empezado de improvisto esa intranquilidad y esa confusión?
(Los rostros se han tornado toscos y graves)
¿Por qué se ha vaciado tan de prisa las calles y la plaza, y todos regresan a sus casas tan cabizbajos?
Porque se ha hecho de noche sin que los bárbaros lleguen y algunos que han venido de las fronteras van diciendo que ya no existen bárbaros.
¿Ahora que será de nosotros sin bárbaros?
Esa gente de algún modo era una solución.

SEPTIEMBRE DE 1903
Que al menos pueda engañarme ahora
Con ilusiones para no sentir vacía mi vida
Y estuve tantas veces tan cerca
Y fui débil entonces; y cobarde
Porque me quede con los labios cerrados
Y mi vida vacía lloraba en mi interior
Y se vestían de luto mis deseos
Estar tantas veces tan cerca
De los ojos de los labios de amor,
Del cuerpo soñado, amado,
Estar tantas veces tan cerca…

COMPRENSIÓN
Los años de mi juventud, mi vida placentera
Cómo ahora comprendo su sentido
Qué inútiles arrepentimientos, que vanos
Pero entonces no comprendía su sentido
En el curso de mi juventud disoluta
Tomaban forma los proyectos de mi poesía
Se perfilaban entorno de mi arte
Por eso los arrepentimientos no eran algo constante
Y los propósitos de vencerme y cambiar
Duraban dos semanas a lo sumo.

“TE”
Esta tarde me pasó por la cabeza
Escribir sobre mi amor
Sin embargo no voy ha hacerlo
Tal es la fuerza que tienen los prejuicios
Me he librado de ellos pero pienso en quienes son sus esclavos
Y bajo cuyos ojos podría caer este papel
Y me detengo, que pusilánime
Anotare todo con una letra “t”
Como símbolo de este momento.
(9-11-1902)

MUROS-TEIKHE
Sin miramientos, sin pena, sin respeto
Levantaron entorno a mí grandes y altos muros
Y ahora estoy aquí y me desespero
No pienso en nada más
Este destino me devora la razón;
Porque tenía tantas cosas que hacer fuera
Ah como no me fije, cuando levantaron los muros
Pero no oí ningún ruido…ni que hablaran
Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo,

LA CASA DESHONROSA
Cuando bajaba por la escalera deshonrosa, por la puerta entrabas,
Un instante vi tu rostro, y me viste
Luego me escondí
Para que no me vieras de nuevo
Y tú pasaste rápidamente ocultando tu rostro
Y te metiste en la casa deshonrosa
Donde no ibas a encontrar, como yo no lo encontré, el placer
Y sin embargo yo tenia el amor que tu querías; para dártelo;
El amor que yo quería
(Tus ojos me lo decían fatigados y equívocos)
Tú lo tenías para dármelo
Nuestros cuerpos lo sentían y se buscaron
La sangre y la piel nos comprendieron
Pero ambos nos escondimos… azorados…


VOCES (2)
Voces ideales y amadas
De quienes murieron o de quienes hemos perdido ya
Como si estuvieran muertos
a veces en sueños nos hablan; a veces en pensamientos los oye el cerebro.
Y el eco de sus voces nos devuelve un momento
Ecos de la primera poesía de nuestra vida como de una música, lejana, que se apaga
Donde hallamos ecos de Shelley:
Una música, cuando gratas voces mueren,
Vibra en la memoria…
Y de Tennyson:
¡El tacto de una mano desaparecida
Y de una voz que perdura!

ANTONIO
Cuando de repente, a media noche, se oye
Pasar, invisible, a un grupo
Con músicas exquisitas, con voces,
Es en vano que deplores
Tu destino que ya se rinde, tus gestas
Que fracasaron, los proyecto de tu vida
Que acabaron en error.
Como alguien dispuesto de antemano, con valor,
Dile adiós a esa Alejandría que se escapa.
Sobre todo no te mientas, no te digas que era
Un sueño, que te engañaron tus oídos:
Tan vanas esperanzas no aceptes.
Como alguien dispuesto de antemano, con valor,
Como te cuadra a ti que fuiste digno de una tal ciudad
Acércate con paso firme a la ventana
Y escucha, si, conmovido, pero no
Suplicando y quejándote de los cobardes,
el postrero deleite del clamor,
Los exquisitos instrumentos del místico grupo,
Y dile adiós a esa Alejandría que pierdes.

EL SOL DE LA TARDE
Esta habitación, que bien conozco.
Ahora la alquilan, esta y la contigua,
Para oficinas comerciales. Toda la casa se ha convertido
En oficinas de agentes y comerciantes, en sociedades.
Ah, esa habitación como me es de familiar.
Aquí cerca de la puerta, estaba el sofá,
Y frente a él una alfombra turca;
Y al lado, el anaquel con dos floreros amarillos.
A la derecha; no, enfrente, un armario con espejos.
En medio, la mesa en que escribía
Y las tres grandes sillas de mimbre.
Cerca de la ventana había la cama
Donde tantas veces no amamos.
Estarán todavía en algún sitio, pobres trastos.
Cerca de la ventana estaba la cama
A cuya mitad llegaba el sol de la tarde.

No hay en castellano, hasta el momento, versión alguna integra y fiel enteramente de los poemas de Kavafis. Destaca entre ellas, con todo la titulada: poesías completas .traducción y notas de José Maria Álvarez. Madrid 1976. Que a pesar de su título, no son tan completas en lo que hace a los inéditos. Las versiones más fieles y ajustadas de Kavafis a una lengua peninsular Están en catalán desde la parcial de Carles Riba (Barcelona, 1962; 2ª Ed. 1977) A la también parcial de A. E. Sola (Barcelona, 1975; reimpresa varias veces) Contando igualmente con las parciales de J Ferraté (Barcelona, 1975 y Barcelona, 1976; con trece inéditos) Y con la última más completa (Barcelona, 1977). Ferraté ha publicado también algunos poemas en castellano. Entre otras pruebas de traducción parcial, menos afortunadas quizá merezca citarse la de cincuenta poemas del corpus por L. Santana (Madrid, 197).

Tomado de: Lidell, Robert. Kavafis una biografía crítica. Trad: C Mirall.




2011-02-23 0 comentarios

ELLA Y YO

2011-02-20 0 comentarios

POETAS ÁRABES EN COLOMBIA I


MEIRA DEL MAR




DE PASO
No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio tu tristeza,
sueños
inacabados.
Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como u hilo de agua
entre los dedos.

EL ESCUDO
Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
más allá de la vida y de la muerte.
Y aunque ya nunca más he de tenerte,
eres de cuanto es mío lo primero.

Más que el sol del estío, verdadero,
tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
la sombra que me ciñe, y se convierte
en la luz que ilumina mi sendero.

Nada ni nadie desterrar haría
de mi frente aquel tiempo jubiloso
en que eterna la dicha parecía.

Contra el olvido y su tenaz acoso
defenderá por siempre y a porfía
su condición de escudo milagroso.

EL MILAGRO
Pienso en ti.
La tarde,
no es una tarde más;
es el recuerdo
de aquella otra, azul,
en que se hizo
el amor en nosotros
como un día
la luz en las tinieblas.

Y fue entonces más clara
la estrella, el perfume
del jazmín más cercano,
menos
punzantes las espinas,

Ahora,
al evocarla creo
haber sido testigo
de un milagro.


PERFUME
Vuelvo a tenerte, amor,
como si nunca
te me hubieras ido.

Tus manos me recorren
el rostro suavemente,
y te oigo la voz en un susurro
que me roza el oído.

Vuelvo a tenerte
y pienso en el perfume
que de nuevo me hiere
aunque el jazmín no exista.


REMINISCENCIA
Un breve instante se cruzaron
tu mirada y la mía.

Y supe de repente
-no sé si tú también-
que en un tiempo
sin años ni relojes,
otro tiempo,
tus ojos y mis ojos
se habían encontrado,
y esto de ahora
no era más que un eco,
la ola que regresa,
atravesando mares,
hasta la antigua orilla.

TODAVIA
Amor de amor aquel que nos uniera
una vez en el tiempo ya distante.
Amor en que tú fuiste amado, amante
y yo amante y amada también fuera.

Otro amor sin igual no conociera
nunca el haz de la tierra. Fulgurante,
más que el sol del verano delirante,
toda sombra su lumbre destruyera.

Amor de amor. Tan alto y extremado,
que el mismo cielo al serle comparado,
cosa fútil y vana parecía.

La vida canceló su encendimiento...
Y sin embargo en el recuerdo siento
que me quema la sangre todavía.

Muerte mía
(Del libro Secreta isla)
La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".

La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

Soledad
(Del libro Alba de olvido)
Nada igual a esta dicha
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío,
y en los brazos del viento,
soy una espiga más.

Nada tengo en el alma.
Ni una pena pequeña,
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!

Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va;
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!

Soneto marinero
Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.

Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.

Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.

Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.

Ofelia
Con paso de gacela vulnerada
cantando vienes por el bosque umbrío
coronada de juncos, ramos , lirios.

Oculto entre los árboles
un silencio de pájaros anuncia
tu presencia,
y te llama el arroyo con los lentos
ademanes del sauce.

Enajenada sigues recogiendo
las últimas violetas. En tus manos
la postrera corona es la más bella.

Pronto la linfa sentirá tu peso
de seda,
y un breve instante flotará en su espejo
tu memoria.

Soneto en vano
(Del libro Reencuentro)
¿A dónde iré que no me alcance el vuelo
de tu mirada que en azor se muda,
y la noche de sueños me desnuda
con el brillo quemante del desvelo?

¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
encontrará mi corazón ayuda,
la clara mano que mi mal acuda
y en dulcedumbre me convierta el duelo?

La frente pensativa me rodeas
de lejanas memorias. Me recreas
los rostros del amor enceguecido.

Y es inútil que huya de tu acecho
si te oigo vivir dentro del pecho
con la vida sin muerte del olvido.

Alabanza del día
(Del libro Verdad del sueño)
Por ti la mariposa en el liviano
paisaje de la brisa detenida.
Y en cada mariposa, repetida,
la danza de colores del verano.

El cielo más azul y más cercano;
más alta la canción y más ardida
la frente de la rosa sostenida
en la palma dorada de tu mano.


Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
de la alondra en el alba, y el desvelo
de los ángeles niños del rocío.

El tiempo te rodea, dulcemente.
Y pasas sin pasar, extrañamente,
lo mismo que la música de un río.

Verde mar
(Del libro Verdad del sueño)
1
De tanto quererte, mar,
el corazón se me ha vuelto
marinero.
Y se me pone a cantar
en los mástiles de oro
de la luna, sobre el viento.
Aquí la voz, la canción.
El corazón a lo lejos,
donde tus pasos resuenan
por las orillas del puerto.
De tanto quererte mar,
ausente me estas doliendo
casi hasta hacerme llorar .

2
¡Mar!
Y es como si, de pronto,
se hiciera claridad.
Ángeles desnudos. Ángeles
de brisa con luz. Cantar
del agua que danza una
zarabanda de cristal.

Islas, olas, caracolas.
Grito blanco de la sal...

Y el corazón, de latido
en latido, dice ¡Mar!

Corazón
(Del libro Verdad del sueño)
Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.

En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.

Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.

Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido

Instante
Ven a mirar conmigo
el final de la lluvia.
Caen las últimas gotas como
diamantes desprendidos
de la corona del invierno,
y nuevamente queda
desnudo el aire.

Pronto un rayo de sol
encenderá los verdes
del patio,
y saltarán al césped
una vez más los pájaros.

Ven conmigo y fijemos el instante
-mariposa de vidrio-
en esta página.

Cedros
Mis ojos niños vieron
-ha mucho tiempo- alzarse
hasta la nube un vuelo
de sucesivos verdes
que el aire en torno
embalsamaban
con tranquila insistencia.

El silencio se oía como una
música suspendida de repente,
y en mi pecho crecía
el asombro.

La voz del padre, entonces,
inclinóse a mi oído
para decirme, quedo:
"Son los cedros del Líbano
hija mía.

Mil años hace, acaso
mil más, que medran
a las plantas de Dios.
Guarda su imagen
en la frente y la sangre.
Nunca olvides
que miraste de cerca
la Belleza".

Y desde aquella hora
tan lejana,
algo en mí se renueva
y estremece
cuando topo en las hojas
de algún libro
su memoriosa estampa

Este amor
(Del libro Reencuentro)
Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.

Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.

Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.

Este
desesperado amor.

Mediodía
Canta la luz aire arriba
como una alondra.
Y por la rama de su canto sube
el mediodía.

Quieren los ojos seguirlo
pero no llegan.
Como el amor, el sol,
de tanto, ciega.

Romance de Barranquilla
(Del libro Sitio del amor)

Porque nació frente al alba
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.

Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Breves jazmines alados
--casi de luz detenida--
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...

Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!

El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!

Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!

Nueva Presencia
(Del libro Secreta Isla)
Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.

Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,

y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.

Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo

Elegía de Leyla Kháled
(De el libro Reencuentro)
Te rompieron la infancia, Leyla Kháled

Lo mismo que una espiga
o el tallo de una flor,
te rompieron
los años del asombro y la ternura,
y asolaron la puerta de tu casa
para que entrara el viento del exilio.

Y comenzaste a andar,
la patria a cuestas,
la patria convertida en el recuerdo
de un sitio que borraron de los mapas,
y dolía más hondo cada hora,
y volvía más triste del silencio,
y gritaba más fuerte en el castigo.

Y un día, Leyla Kháled, noche pura,
noche herida de estrellas, te encontraste
los campos, las aldeas, los caminos,
tatuados en la piel de la memoria,
moviéndose en tu sangre roja y viva,
llenándote los ojos de sed suya,
las manos y los hombros de fusiles,
de fiera rebeldía los insomnios.

Y comenzaron a llamarte nombres
amargos de ignominia,
y te lanzaron voces como espinas
desde los cuatro puntos cardinales,
y marcaron tu paso con el hierro
del oprobio.

Tú, sorda y ciega, en medio
de las ávidas zarpas enemigas,
ardías en tu fuego, caminante
de frontera a frontera,
escudando tu pecho contra el odio
con la incierta certeza del regreso
a la tierra luctuosa de que fueras
por mil manos extrañas despojada.

Te vieron los desiertos, las ciudades,
la prisa de los trenes, afiebrada,
absorta en tu destino guerrillero,
negándote al amor y los sollozos,
perdiéndote por fin entre la sombra.

Nadie sabe, no sé cuál fue tu rumbo,
si yaces bajo el polvo, si deambulas
por los valles del mar, profunda y sola,
o te mueves aún con la pisada
felina de la bestia que persiguen.

Nadie sabe. No sé. Pero te alzas
de repente en la niebla del desvelo,
iracunda y terrible, Leyla Kháled,
oveja en lobo convertida, rosa
de dulce tacto en muerte transformada.

Huésped sin sombra
(Del libro Reencuentro)
Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.

Raíz Antigua
(Del libro Secreta Isla)
No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor, por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos viene
--de un silencio de siglos--,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.

Canción Lejana
Y yo también como la tarde
toda me tornaré dichosa
para quererte y esperarte.
Iluminada de tus ojos
vendrá la luna,
vendrá la luna por el aire.

Tú me querrás inmensamente.
Mi corazón será infinito
para la angustia de tu frente.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Después será la enamorada sonrisa,
el beso, la memoria llena de ti, maravillada.
Y el gozo azul de estar contigo
fuera del tiempo, sin palabras.

De golondrina en golondrina
nos llegará la primavera
de la mirada pensativa.

Y un mismo cauce de dulzura
tendrán las rosas y los días.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Alguien pasa
Alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.

Y yo guardo silencio.

Las palabras no acuden
en mi ayuda, se esconden
en el fondo del pecho, por no subir vestidas
de luto hasta mi boca,
y derramarse luego
en un río de lágrimas.

No sé si tú recuerdas
los días aún tempranos
en que ibas como un ángel
por el jardín, y dabas
a los lirios y rosas
su regalo de agua,
y las hojas marchitas
recogías en esa
tu manera tan suave
de tratar a las plantas
y a los que se acercaban
a tu amistad perfecta.

Yo sí recuerdo, madre,
tu oficio de ser tierna
y fina como el aire.

Una tarde un poeta
recibió de tus manos
un jazmín que cortaste
para él. Con asombro
te miró largamente
y se llevó a los labios,
reverente, la flor.

Se me quedó en la frente
aquel momento, digo
la frente cuando debo
decir el corazón.

Y se me va llenando
de nostalgia la vida,
como un vaso colmado
de un lento vino pálido,
si alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.

Allá
Si acaso al otro lado de la vida
otra vez, por azar, nos encontramos,
¿se reconocerán nuestras miradas
o seremos tan sólo un par de extraños?

De todos modos te amaré lo mismo.
Juntos. O separados.

Ausencia de la rosa
Detenida
en el río translúcido
del viento,
por otro nombre, amor,
la llamaría
el corazón.

Nada queda en el sitio
de su perfume. Nadie
puede creer, creería,
que aquí estuvo la rosa
en otro tiempo.

Sólo yo sé que si la mano
deslizo por el aire, todavía
me hieren sus espinas.

Breve
Llegas cuando menos
te recuerdo, cuando
más lejano pareces
de mi vida.
Inesperado como
esas tormentas que se inventa
el viento
un día inmensamente azul.

Luego la lluvia
arrastra sus despojos
y me borra tus huellas.

Canción lejana
Y yo también como la tarde
toda me tornaré dichosa
para quererte y esperarte.
Iluminada de tus ojos
vendrá la luna,
vendrá la luna por el aire.

Tú me querrás inmensamente.
Mi corazón será infinito
para la angustia de tu frente.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.
Después será la enamorada sonrisa,
el beso, la memoria llena de ti, maravillada.
Y el gozo azul de estar contigo
fuera del tiempo, sin palabras.
De golondrina en golondrina
nos llegará la primavera
de la mirada pensativa.
Y un mismo cauce de dulzura
tendrán las rosas y los días.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Carta de Roma
Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte
que, bajo el cielo de la tarde, Roma
tiene otro cielo de golondrinas,
y entre los dos un ángel de oro pasa
danzando.

La cascada de piedra que desciende
por Trinitá dei Monti hasta la plaza,
se detuvo de pronto y ahora suben
azaleas rosadas por su cuerpo.

Los árboles repiten siete veces
la música del viento en las colinas,
y el húmedo llamado de las fuentes
guía mis pasos.

Más bella que en el aire
una rota columna hallé en el césped,
caída en el abrazo de una rosa.

Cuando fluye la luz,
cuando se para
el tiempo,
asomada a los puentes Roma busca
su imagen sobre el Tevere,
y en vez del nombre suyo ve que tiembla
tu nombre, amor, en el rodante espejo.

De paso
No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas
apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio tu tristeza,
sueños
inacabados.
Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como u hilo de agua
entre los dedos.

Dejo este amor aquí...
Dejo este amor aquí
para que el viento
lo deshaga y lo lleve
a caminar la tierra.

No quiero
su daga sobre mi pecho,
ni su lenta
ceñidura de espinas en la frente
de mis sueños.

Que lo mire mis ojos
vuelto nube,
aire de abril,
sombra de golondrina
en los espejos frágiles
del mar...
Trémula lluvia
repetida sin fin sobre los árboles.

Tal vez un día, tú
que no supiste
retener en las manos
su júbilo perfecto,
conocerás su rostro en un perfume,
o en la súbita muerte de una rosa.

Deshora
Cuando llegué te habías
ido del brazo de otro amor.

Y no quise decirte: «Vuelve,
perdóname esta vez,
se me hizo tarde,
fue un pequeño descuido
de la vida, una leve
distracción del destino».

Aquel silencio que selló mis labios
me hiere todavía el corazón.

Desvelo
A la hora del alba cuando el sueño
me abandona,
recorro los momentos
de nuestro amor, en busca
de los rostros de entonces,
los sueños, las palabras.

Todo en vano.

Nos fue borrando el tiempo,
sus implacables manos,
deshaciendo los cuerpos para sólo
dejarnos, viva llama, que no cesa
de arder en el vacío.

El escudo
Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
más allá de la vida y de la muerte.
Y aunque ya nunca más he de tenerte,
eres de cuanto es mío lo primero.

Más que el sol del estío, verdadero,
tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
la sombra que me ciñe, y se convierte
en la luz que ilumina mi sendero.

Nada ni nadie desterrar haría
de mi frente aquel tiempo jubiloso
en que eterna la dicha parecía.

Contra el olvido y su tenaz acoso
defenderá por siempre y a porfía
su condición de escudo milagroso.

El llamado
Tú estarás lejos.

Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprenderé la muerte.

Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.

Si donde estés tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.

El milagro
Pienso en ti.

La tarde,
no es una tarde más;
es el recuerdo
de aquella otra, azul,
en que se hizo
el amor en nosotros
como un día
la luz en las tinieblas.

Y fue entonces más clara
la estrella, el perfume
del jazmín más cercano,
menos
punzantes las espinas,

Ahora,
al evocarla creo
haber sido testigo
de un milagro.

El recuerdo
Este día con aire de paloma
será después recuerdo.

Me llenaré de él
como de vino un ánfora,
para beberlo a sorbos cuando quiera
recuperar su aroma.

Antes que vuele hacia el ocaso, antes
de ver cómo se pierde entre la noche.

Este amor
Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.

Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.

Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.

Este
desesperado amor.

Huésped sin sombra
Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.

Instante
Ven mirar conmigo
el final de la lluvia.
Caen las últimas gotas como
diamantes desprendidos
de la corona del invierno,
y nuevamente queda
desnudo el aire.

Pronto un rayo de sol
encenderá los verdes
del patio,
y saltarán al césped
una vez más los pájaros.

Ven conmigo y fijemos el instante
-mariposa de vidrio-
en esta página.

La ausencia
Se me perdió tu huella.
Un viento
huracanado y frío la borró del sendero,
dejándonos los pasos
sin rumbo alguno ahora,
sin saber hacia dónde
orientar el destino.

En torno de esta inmensa
soledad gira y gira
el desmedido anillo
del horizonte en vano.

Me llaman los caminos
pero no los encuentro:
tu voz, mi rosa náutica,
mi rosa de los vientos,
se me apagó en la noche.

La hoguera
Esta es, amor, la rosa que me diste
el día en que los dioses nos hablaron.
Las palabras ardieron y callaron.
La rosa a la ceniza se resiste.

Todavía las horas me reviste
de su fiel esplendor. Que no tocaron
su cuerpo las tormentas que asolaron
mi mundo y todo cuanto en él existe.

Si cruzas otra vez junto a mi vida
hallará tu mirada sorprendida
una hoguera de extraño poderío.

Será la rosa que morir no sabe,
y que al paso del tiempo ya no cabe
con su fulgor dentro del pecho mío.

La tarde
Te contaré la tarde, amigo mío.

La tarde de campanas y violetas
que suben lentamente a su pequeño
firmamento de aroma.

La tarde en que no estás.

El tiempo, detenido, se desborda
como un dorado río.
Y deja ver en su lejano fondo
no sé que cosas olvidadas.
El día vuelve aun en una ráfaga
de sol,
y fija mariposas de oro
en el cristal de aire...
Hay una flauta en el silencio, una
melancólica boca enamorada,
y en la torre teñida de crepúsculo
repiten su blancura las palomas.

La tarde en que no estás... la tarde
en que te quiero.

Alguien que no conozco,
abre secretamente los jazmines
y cierra una a una las palabras.

Memoria
Mar de mi infancia. Caracolas,
arena de oro, velas blancas.
Si alguien cantaba entre la noche
a las sirenas recordaba.

Simbad venía en cada ola
sobre la barca de mi sueño,
y me nombraba capitana
de su fantástico velero.

El viento izaba las gaviotas
alto más alto de sus mástiles.
Y por las nubes entreabiertas
pasaba el cielo con sus ángeles.

Los compañeros no sabían
-yo nunca dije mi destino-
que en el anillo de la ronda
iba la novia del marino.

Muerte del olvido
Se me murió el olvido
de repente.

Inesperada-
mente,
se le borraron las palabras
y fue desvaneciéndose
en el viento.

En busca suya el corazón tocaba
todas las puertas.
Nadie. Nada.

Y allí donde estuviera se instaló
de nuevo,
el doloroso amor,
el implacable,
interminable-
mente.

Muerte mía
"La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.
¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro

La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía.

¡Otra cosa es la muerte!"

Narciso
Asomado a la fuente ve que el agua le mira
con el trémulo asombro de su propia belleza.
Los ojos ya no pueden rescatar la mirada
que ha olvidado en las redes hialinas del espejo.

Nunca nadie en la tierra
quedará como él, ensimismado
en el reflejo fiel de su hermosura,
nunca nadie perdiera
como él la certeza de las horas,
fijo en la verde orilla e inclinado
sobre el tiempo sin tiempo de su imagen.

Y cuando acerca el beso
a los labios que ascienden,
no sabe cómo cae, cómo huye por fin
su desbordado amor entre las ondas.

La flor que así lo cuenta
lleva su nombre gualda
entre las manos.

Nueva presencia
Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

Nada dijiste. Nada. Me miraste a los ojos.
y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.

Con los hombres cargados de frutos y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,

Y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitios del cielo.

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alma de un verso.

Una vez. No sé donde... Y el amor fue tan sólo
encontrarte de nuevo.

Otra presencia
Ahora estamos unidos
para siempre.

No importa que te hayas
marchado,
que la puerta
no se abra más
para esperar tus pasos,
ni importa que en las manos
que me encuentran
no me rocen las tuyas.

Andas conmigo,
vas, vienes a mi lado,
y miras con mis ojos
derramarse en el mar
el ocaso.
Oyes el viento en la noche
cuando pasa estremeciendo
las ventanas,
Y me sigues constante
por la oscura comarca
del insomnio.

Revestida de ausencia
tu perdida presencia
me acompaña.

Pasa el viento
De aquel amor que nunca fuera mío
y sin embargo se tomó mi vida,
me queda esta nostalgia repetida
sin fin, cuando sollozo y cuando río.

A veces desde el fondo del estío,
llega la misma música entre oída
en el tiempo gozoso, la encendida
música que cayera en el vacío.

Y quiere asirla el corazón. Beberla
como un vaso de vino. Retenerla
para creer de nuevo en la dulzura.

Pero se escapa y huye con el viento,
y me deja tan sólo este lamento,
donde esconde su rostro la amargura.

Perfume
Vuelvo a tenerte, amor,
como si nunca
te me hubieras ido.

Tus manos me recorren
el rostro suavemente,
y te oigo la voz en un
susurro
que me roza el oído.

Vuelvo a tenerte
y pienso en el perfume
que de nuevo me hiere
aunque el jazmín no exista.

Presencia en el olvido
Tú ya no tienes rostro en mi recuerdo. Eres,
nada más, la dorada tarde aquella
en que la primavera se detuvo
a leer con nosotros unos versos.

Y eres también esta tenaz y leve
melancolía que sus pasos mueve
sobre mi corazón,
y casi no es
melancolía...

Alguna vez yo tuve
tu rostro y tus palabras...
¡Hoy no sé qué se hicieron!

Hoy eres solamente
esas pequeñas cosas que se llaman
un día, un libro, el lento

caminar de la mano de la estrella,
y a veces, -pocas veces-, el silencio
fijándome los ojos desolados
en un sitio del aire, como ciegos...

Yo se que estás lejano de mi límite.
Que ya no eres ni la voz ni el eco...
si por el cauce de mi sangre subes,
llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.

Y te quiero mirar, y es esta tarde
dorada, que ya dije,
lo que encuentro...

La tarde que tenía un campanario
entre los dedos
y una humana dulzura en la manera
de entendernos...

Tú ya no tienes rostro.
Ya no eres.

Raíz antigua
No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra,
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
a leve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos vine
-de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otros nombres y otra
sangre fugaz nos inundó las venas-,

este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto enamorado.

Reclamo
¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!
mi vida era como un agua mansa,
como un agua ceñida. ..

Antes de ti, ¡qué fácil para el alma
la espera de sus pasos, y qué fácil
su ligera partida...!

Antes de ti, ¡qué fácil la ventura
frente a la lluvia clara y el silencio
de las tardes dormidas...!

Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la espera y el partir angustia viva. ..
¡Cómo tus manos claras, inasibles,
rompen las horas mías!

Contigo, Amor, la lluvia no es "la lluvia'"
ni me da su regalo de sonrisas,
y es tortura el silencio cuando pasa
por las tardes dormidas...

***
Antes de ti, qué fácil el olvido
del país todo rutas para el sueño
que detrás de sus ojos existía...

Antes de ti, qué fácil el momento
de la estrella primera, sobre el Ángelus
brillando sorprendida...

Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la estrella y olvidar angustia viva...
Cómo tus manos claras, inasibles,
la dulzura me trizan...

Contigo, Amor, este fingido gozo
mientras el alma cuenta sus espinas,
y esta quebrada voz para su nombre,
y este afán inquietando la alegría...
***
Contigo este decir atribulado...
¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!

Reminiscencia
Un breve instante se cruzaron
tu mirada y la mía.

Y supe de repente
-no sé si tú también-
que en un tiempo
sin años ni relojes,
otro tiempo,
tus ojos y mis ojos
se habían encontrado,
y esto de ahora
no era más que un eco,
la ola que regresa,
atravesando mares,
hasta la antigua orilla.

Soneto a la rosa
En las manos del alba vi la rosa.
Huía de sí misma perseguida
por su propia hermosura repetida
en pétalos y en rosa jubilosa.

Con un alto vaivén de mariposa
la rosa, ya en el aire, detenida
quedaba entre la luz, estremecida
de aromas y de fuga luminosa.

Inmóvil sobre el viento desvelado
en rosa de vitral se convertía
la rosa del temblor atormentado.

El día la tocaba. Y era el día
en torno de la rosa, desalado
arroyo de insistente melodía.

Soneto del amor evocado
Toca mi corazón tu mano pura,
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.

Memoria de tu beso, la dulzura
recobra su perdida melodía.
y torna al cielo de la frente mía
el ángel inicial de la ventura.

El viento es otra vez un manso río
de jazmines abiertos. El estío
entreabre su vena rumorosa.

Y el tiempo se detiene desvelado,
a orillas del recuerdo enamorado
que enciende el corazón cuando le roza.

Soneto en el amor
Estoy, amor, en ti y en el dorado
desvelo de tu clima deleitoso,
con el ardido corazón gozoso
de su vivo tormento enamorado.

Y te nombro mi día iluminado.
Y te digo mi tiempo jubiloso.
Alto mar de hermosura sin reposo
a la cima del sueño levantado.

Estoy, amor, en ti. Bajo tu cielo
lejanamente mío, crece el duelo
y crece la sonrisa, dulcemente.

Y el canto va subiendo, sostenido
por tu mano, azahar desvanecido,
a la orilla del alba transparente.

Soneto insistente
Cuando presiente el corazón la gloria
de ser libre por gracia del olvido,
me llegue entre la noche, como el ruido
del mar en la distancia, tu memoria.

Con ella viene la tenaz historia
de lo que pudo ser y nunca ha sido.
Arduo amor ni ganado ni perdido,
batalla sin derrota y sin victoria.

Cada vez que en mi mano reverdece
la rama del olvido y aparece
después de la tormenta la alegría,

algo tuyo regresa de la nada
y de nuevo destruye la dorada
esperanza fugaz de un claro día.

Soneto marinero
Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.

Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.

Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.

Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.
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