Mañana
La ventana entornada recuadra un rostro
sobre el campo del mar. Los lindos cabellos
acompañan el tierno ritmo del mar.
No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.
En el crepúsculo, el agua mullida del alba,
que se impregna de luz, alumbra el rostro.
Cada día es un milagro intemporal,
bajo el sol: lo impregnan una luz salobre
y un sabor a vívido marisco.
No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.
Cesare Pavese
(Traducción de José Solsora)
Tienes rostro de piedra esculpida,
sangre de tierra dura,
viniste del mar.
Todo lo acoges y escudriñas
y rechazas
como el mar. En el corazón
tienes silencio, tienes palabras
engullidas. Eres oscura.
para ti el alba es silencio.
Y eres como las voces
de la tierra -el choque
del cubo en el pozo,
la canción del fuego,
la caída de una manzana;
las palabras resignadas
y tenebrosas sobre los umbrales,
el grito del niño- las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.
Eres la bodega cerrada
con la tierra removida,
donde el niño entró
una vez, descalzo,
y que siempre recuerda.
Eres la habitación oscura
en la que se vuelve a pensar siempre,
como en el patio antiguo
donde nacía el alba.
Cesare Pavese 1908, La tierra y la muerte
(Traducción de José Solsora)
Tú,
sonrisa moteada
sobre nieves heladasviento
de marzo,
ballet de ramas
combadas sobre la nieve,
gimiendo y encendiendo
tus pequeños "¡oh!"-
gamo de blancos miembros,
gentil,
podría saber
todavía
la gracia deslizante
de todos tus días,
la blonda espumosa
de todos tus caminosse
ha helado el mañana
abajo en la llanuratú,
sonrisa moteada,
tú, risa encendida.
Cesare Pavese
(Traducción de José Solsora)
Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuando salen, cuando entran,
En que estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
Quejándose de mi tristeza,
En algunas temporadas se han quejado de la humedad
De mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.
Se marchan siempre los inquilinos de mi vida
Y el patio queda nuevamente solo
En este hotel de paso donde siempre es de noche.
Federico Díaz-Granados
Ha reaparecido la mujer de ojos entreabiertos
y de cuerpo concentrado, andando por la calle.
Ha mirado de frente, tendiendo la mano en la calle inmóvil.
Todo ha vuelto a resurgir.
En la luz inmóvil del día lejano
se ha quebrado el recuerdo. La mujer ha alzado
la frente sencilla y su mirada de entonces
ha reaparecido. Se ha tendido la mano hacia la mano
y el apretón angustioso era el mismo de entonces.
Todo ha recobrado colores y vida
con la mirada concentrada, con la boca entreabierta.
Ha regresado la angustia de días lejanos
cuando un inesperado e inmóvil estío
de colores y tibiezas emergía ante las miradas
de aquellos ojos sumisos. Ha regresado la angustia
que ninguna dulzura de labios abiertos
puede mitigar. Se cobija, fríamente,
en aquellos ojos, un inmóvil cielo.
Era tranquilo el recuerdo
bajo la luz sumisa del tiempo, era un dócil
moribundo para quien ya la ventana se aniebla y desaparece.
Se ha quebrado el recuerdo. El apretón angustioso
de la leve mano ha vuelto a encender los colores,
el verano y las tibiezas bajo el vívido cielo.
Pero la boca entreabierta y las miradas sumisas
no dan vida más que a un duro, inhumano silencio.
Cesare Pavese
(Traducción de José Solsora)
A alguien debes amar;
Al montón de ruinas que te rodean
A las sirenas que anuncian la guerra
a las parentelas que te narran historias del rencor
y luego te cobran la expulsión del paraíso.
ama a todas las mujeres, a todas,
a la desconocida, a la del rostro perfecto
a la contrahecha y jorobada
a las que se alejan con sus maletas intactas
A las siempre ajenas.
Seguro el amor un día tendrá su exacta receta
Y sabremos por que la bruma se quedó al intemperie
De los besos perdidos y los abrazos nunca dados
Y porque la risa parece a veces un saco prestado
Que nos queda grande y nunca nos encaja
Que huele a pieles extranjeras en sus bolsillos.
Se debe amar con sus múltiples heridas
Y su inventario de hemorragias y lentas convalecencias
No se debe temer a sus papeles quemados
Ni a sus amuletos y talismanes de cada cita
Ni a los sollozos que dejaron vacía la alcoba el último día.
A alguien debes amar cada instante de la vida
Y regresa amarrado a un pedazo de estrella.
No demores la llegada del alba a estas tierras.
Es un duro oficio y raro asunto este del amor
Pero toma hoy muchos apuntes para el gozo
Que la mañana que hoy ves frente a tus ojos
Hace siglos está detenida en la misma cuenca
Esperando
Con el mismo afán de las palabras
A la hora de legar el cuerpo.
Al montón de ruinas que te rodean
A las sirenas que anuncian la guerra
a las parentelas que te narran historias del rencor
y luego te cobran la expulsión del paraíso.
ama a todas las mujeres, a todas,
a la desconocida, a la del rostro perfecto
a la contrahecha y jorobada
a las que se alejan con sus maletas intactas
A las siempre ajenas.
Seguro el amor un día tendrá su exacta receta
Y sabremos por que la bruma se quedó al intemperie
De los besos perdidos y los abrazos nunca dados
Y porque la risa parece a veces un saco prestado
Que nos queda grande y nunca nos encaja
Que huele a pieles extranjeras en sus bolsillos.
Se debe amar con sus múltiples heridas
Y su inventario de hemorragias y lentas convalecencias
No se debe temer a sus papeles quemados
Ni a sus amuletos y talismanes de cada cita
Ni a los sollozos que dejaron vacía la alcoba el último día.
A alguien debes amar cada instante de la vida
Y regresa amarrado a un pedazo de estrella.
No demores la llegada del alba a estas tierras.
Es un duro oficio y raro asunto este del amor
Pero toma hoy muchos apuntes para el gozo
Que la mañana que hoy ves frente a tus ojos
Hace siglos está detenida en la misma cuenca
Esperando
Con el mismo afán de las palabras
A la hora de legar el cuerpo.
Federico Díaz-Granados
Cuánto se han sacrificado para escribir estas líneas
Cuántos pesares y melancolías
Para asumir con dignidad la ruina del abandono y sobrevivir a la tragedia.
Y siempre habrá poesía
Pero volveremos a las mismas y repetidas palabras
Todos los temas están dichos
Y habrá que repetir en cada verso
Ritmos ya encontrados, amores y muertes ya cantados.
Cuánto sacrificio para escribir unas palabras de basura
Cuántos sismos interiores.
Para que no las lean, se burlen o no aplaudan en un recinto.
Federico Díaz-Granados
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